Baja el optimismo en el país
El presidente Néstor Kirchner calificó anoche en la Cámara de la Construcción como "novela" lo que publican los diarios sobre un acuerdo especial con China. Es comprensible porque el funcionario de avanzada de ese país hoy en Buenos Aires, Yang Yang, ayer temprano había sido drástico al decir que "la relación de China con Brasil va más rápido que con la Argentina". Los que agudizan los análisis observan que el presidente de China, Hu Jintao, permanecerá sólo día y medio en la Argentina, pero se quedará 5 en Brasil y su principal objetivo será ir a Chile, donde coincidirá con el reelecto George W. Bush. Por si no fuera suficiente, el embajador de Corea del Sur en la Argentina declaró, también ayer, que su país "no comprometerá inversiones definitivas en la Argentina mientras no se salga del default con acreedores privados". O sea que habrá negocios, pero nada perdurable asegurado. A su vez, se va disipando el optimismo sobre un acuerdo a partir de enero con bonistas. Inclusive se duda de alcanzar una aceptación buena para la oferta argentina. Y no se ve futuro sin un alto porcentual que canjee sus bonos. La provincia de Mendoza para su oferta contra el default propio recibió 64% de aceptación, aun sin pedir quita de capital nominal, y las calificadoras internacionales de riesgo la siguen considerando una provincia argentina en default. Por eso se vio obligada a reabrir el canje. El ministro Lavagna se conforma con 60% de aceptación y el presidente Kirchner con apenas 50% que -para él- "sería un triunfo". Pensemos que con 90% de aceptación a su oferta un país como Uruguay tardó en 2002 meses en convencer a las mismas calificadoras mundiales de que no lo consideraran más país en default, algo que le impide a cualquier nación colocar títulos internacionales. Los 3 años de tiempo que perdió Roberto Lavagna en buscar un arreglo son fatales y suenan irrecuperables para la Argentina. El 29 de noviembre debe arrancar la oferta a bonistas, pero se hace todo en forma muy desprolija. Es ya seguro que el proceso de oferta no arrancará ni en Italia ni en Japón, que tienen 18% de la deuda los dos juntos, porque las autoridades de control de mercados en esas naciones tardan meses en aprobar, y agrava todo el tiempo desperdiciado por los gobiernos argentinos, Duhalde primero y luego Kirchner con el común denominador de Roberto Lavagna . El gobierno muestra de nuevo flaquezas e improvisación en administrar el país. Ayer, en la Cámara de la Construcción, el Presidente volvió al simplismo: aconsejó no comprar productos que se encarecieron por la mayor demanda ante el auge de la construcción. Pero este gobierno no tiene el único antídoto para estos excesos que les compita a los especuladores porque tiene el país cerrado y fuertemente arancelado como para poder desalentar la suba con importaciones-. Se trató de alentar a pymeslocales, pero el superávit de Brasil de 1.500 millones de dólares hasta setiembre, consecuencia de la invasión de sus productos, las está destruyendo. Ahora los brasileños hasta quieren comprar fábricas locales -como el caso de la quebrada Gatic- para producir aquí calzado con lo cual las hundirá más, aunque creará puestos de trabajo, pero sólo sustitutivos de lo que cesa. Sin inversiones nuevas, no meramente de reemplazo de productos ya elaborados, no tiene futuro el país. Por si fuera poco el panorama de desaliento que todo este errático accionar crea, los jueces en lo contencioso administrativo y las dos cámaras de apelaciones están avalando amparos de hasta 140.000 dólares pese al endeble fallo de pesificación reciente de la Corte Suprema. El gobierno se mueve en casi todos los rubros con el mismo criterio: me siento sobre la caja y veo ingresar divisas, demoro, no pago, impulso retorcidos fallos judiciales, hago declaraciones agresivas sobre los que reclaman adentro y afuera y dispongo gastos sólo en subsidios, imponer aumentos salariales por decreto y fondos para obra pública. Es un plan demasiado simple, más en busca de resultados políticos que económicos de crecimiento . Sólo se crea una ilusión de estabilidad y bonanza . Está endeudando el futuro del país y sin encaminarle inversiones. Es un esquema que no cierra. Como este gobierno y hombres como Lavagna no inspiran confianza en el plano internacional, usan artilugios para acrecentar operaciones normales como el intento con China. Si el presidente Kirchner no reacciona, comprende que engaños de Lavagna y bravuconadas verbales no evitarán asumir las responsabilidades internacionales, más tarde o más temprano, en niveles razonables se perderá más confianza y pueden cesar las buenas expectativas generadas por el albur favorable internacional que es el verdadero motor . Inclusive para mantener aún esperanzas sobre el mañoso manejo del país.
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El presidente Néstor Kirchner, anoche, en la 52ª Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción, debió bajarles el tono, en persona, a las expectativas por las inversiones chinas.


