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Ayer se informó que el índice de confianza de los consumidores estadounidenses bajó en julio hasta los 76,6 puntos (desde los 83,5 puntos en junio) frente a las expectativas de los analistas de un alza hasta los 85 puntos. Esta inesperada caída afectó con fuerza a los mercados y provocó la inmediata corriente de ventas que barrió con una mínima alza que se anotaba hasta la hora en que se dio a conocer el dato de confianza. En este sentido, vale destacar que el gasto interno en los Estados Unidos explica más de dos tercios de toda la actividad económica y, a juicio de los expertos, ha sido su fortaleza la que ha impedido que la economía se sumerja en un ciclo recesivo.
En este contexto, ni siquiera las mejores perspectivas que dieron a conocer algunos analistas sobre empresas fabricantes de microprocesadores lograron quebrar el rumbo descendente del mercado.
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