La masiva oferta de dólares en el mercado de cambios ya se encamina a frenarse más con la caída de tasas. A 30 días, ahora bancos pagan 14% anual y, mientras el Banco Central siga emitiendo 400 millones de pesos diariamente -lo hizo jueves y viernes-, los rendimientos caerán más. No hay intención en la dupla Lavagna-Prat-Gay de dejar caer más dólar, con un tipo de cambio ahora fijo en valores cercanos a $ 2,80. Paradójicamente, son los temas no resueltos por la gestión Duhalde los que impiden al dólar mantenerse por sí mismo. Las tasas no bajan más rápido porque no se resolvió el «corralito»: los bancos prefieren, con buenos rendimientos, atraer a ahorristas, ganar liquidez y así poder hacer frente a eventuales amparos y retiros de dinero. No se resolvió la renegociación de la deuda, y no hay demanda de dólares para pagos significativos al exterior de empresas, y menos del sector público. No hay optimismo en empresarios, ni importaciones. Queda sólo el Banco Central para comprar dólares de los exportadores y de quienes se pasan a pesos para ganar con la tasa. Hoy el ministro Roberto Lavagna anunciará las nuevas metas acordadas con el Fondo Monetario.
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La cuestión central pasa por los problemas no resueltos por el gobierno que, paradójicamente ahora, le juegan con un dólar a la baja. Los bancos prefieren perder plata, acumular liquidez y no prestar: es lo que están haciendo al captar depósitos el viernes a 14% en pesos a 30 días y hasta 23% anual a 90 días. Los inversores venden dólares, cae su cotización y se colocan a tasa. Los bancos acumulan fondos para tener liquidez y hacer frente a amparos al «corralito», desprogramación de depósitos, o cualquier noticia que dispare el nerviosismo de los ahorristas y retiren sus depósitos. Aun perdiendo dinero, los bancos, prefieren pagar tasas altas -no prestar-, y estar listos frente a eventuales retiros de depósitos sin golpear las puertas del Banco Central para pedir redescuentos. En definitiva, es la no resolución de los retazos del «corralito», a 17 meses de su puesta en marcha, la que indirectamente impulsa una caída del dólar.
En el mismo sentido transitan otros factores. Como no se renegoció la deuda o se avanzó poco hasta ahora en ese proceso, hay escasa demanda de dólares del sector público -y menos del privado por montos significativos- para atender cumplimientos con el extranjero. Como hay incertidumbre en lo político, y la economía argentina no despierta algarabía a inversores y empresas locales, entonces la importación de bienes -capital o consumo- es prácticamente nula en relación con exportaciones. Ni por pago de deuda, ni por importaciones entonces hay demanda de divisas fuerte.
La mejor manera de mantener al dólar más alto para el gobierno sería, paradójicamente, resolver los puntos anteriores que fueron dejados de lado el año pasado. Por ende, la única alternativa pasa por seguir comprando el superávit comercial, en su actual estrategia de sostener a 2,80 al dólar. ¿Cuál es el límite, entonces, para la actual situación? Que la emisión de dinero en la plaza desemboque en una caída de tasas tal, que frene el traspaso al dólar. «Con tasas en 10%, se frena la oferta masiva de dólares», dicen importantes ejecutivos de bancos extranjeros.
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