Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula da Silva, junto con los presidentes Evo Morales (de Bolivia), Rafael Correa (de Ecuador), Nicanor Duarte Frutos (de Paraguay) y Tabaré Vázquez (de Uruguay) firmarán el 3 de noviembre en Caracas el acta fundacional del Banco del Sur, lo que no implica que la entidad financiera comience a funcionar. Aún quedarán sin resolver en este encuentro los dos capítulos más importantes: cuánto dinero aportarán los Estados miembros y cuáles serán los proyectos principales que se financiarán. No hay acuerdo entre Chávez y Lula en ninguno de los dos.
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Por el lado de la Argentina, el país que menos cuestionamientos muestra hoy al proyecto, viajarán Néstor Kirchner y los ministros Miguel Peirano y Jorge Taiana. En principio, Cristina Fernández de Kirchner no está en el listado para participar de esta reunión, que se concretará seis días después de los comicios del domingo. Sí prepara su primera presentación internacional poselecciones para el 8 de noviembre en Santiago de Chile, cuando los mismos protagonistas de la reunión de Caracas se vuelvan a encontrar en la Cumbre Iberoamericana.
El anuncio del acto del 3 de noviembre lo hizo ayer el ministro de Finanzas de Venezuela, Rodrigo Cabezas, que aseguró en Washington que el estatuto del Banco del Sur «está casi listo» y que se están ajustando los detalles del acta fundacional.
Hace 15 días, en Rio de Janeiro, se acordó también que el banco tenga una sede principal en la capital venezolana, donde incluso Chávez ya ordenó la construcción de un edificio, y subsedes en Buenos Aires y La Paz. Fuera quedaron propuestas de radicación en ciudades brasileñas, lo que muestra las diferencias entre Chávez y Lula. En este sentido, el problema fundamental entre Venezuela y Brasil es el destino de los fondos que administrará el banco. Para Chávez debería apuntar a financiar proyectos vinculados a la «soberanía latinoamericana», según la definición bolivariana, idea que se vincula directamente a, por ejemplo, aportar el dinero que necesita el venezolano para comprar las estaciones de servicio de Esso en la Argentina.
Lula tiene otra idea: utilizar los fondos para un plan de infraestructura vial y energético que ubica a Brasil como centro de las inversiones regionales. Incluso, el presidente brasileño propuso que el dinero del Banco del Sur se sume a los fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Como no hay acuerdo sobre el destino del dinero, tampoco está cerrada la cantidad de fondos que aportará cada país. Por esto se piensa hacer un primer giro casi simbólico, de entre 300 y 1.300 millones de dólares por país. La cuota argentina se fijaría en u$s 800 millones. Venezuela se ofreció a girar u$s 2.000 millones. En lo que respecta al poder de voto dentro de la entidad, Brasil reclama una representatividad dependiente del aporte de dinero que efectúe cada Estado (lo que colocaría a este país como el más influyente de la institución), mientras Venezuela pide que cada país tenga un voto.
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