La liberalización del comercio mundial, especialmente de productos agrícolas y textiles, provocaría un impulso a la actividad económica y a las inversiones de unos u$s 800.000 millones anuales de los cuales, las dos terceras partes (más de u$s 500.000 millones) serían ganancia para los países en vías de desarrollo. La afirmación fue lanzada por el actual director para América latina del Banco Mundial, Alieto Guadagni, durante una charla sobre la actual crisis de la deuda y las perspectivas para las inversiones y, sorprendentemente, corresponde a conclusiones de ese organismo financiero internacional.
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La Argentina está enrolada, especialmente desde principios de los '90, en una firme posición de liberalización del comercio internacional frente a los fuertes subsidios, en especial agrícolas, de los principales países desarrollados, ya que, dada la condición de país agroexportador, resulta particularmente afectado en el ingreso de divisas por estas políticas distorsivas y proteccionistas.
El Banco Mundial, sin embargo, aunque coincide en las conclusiones, llega a ellas por la búsqueda de alternativas para bajar los niveles de pobreza y, en ese sentido, determina que «la liberalización de los mercados disminuiría en 300 millones la cantidad de pobres (del mundo)». «Como 3 de 4 pobres viven en el campo, la batalla contra la miseria se gana o se pierde en el ámbito de la liberación del comercio», concluye el BM, aunque en el caso de la Argentina, los grupos de menores recur-sos y peor calidad de vida se concentran más en los cinturones de las 2 o 3 principales ciudades del país, mientras que «el campo» estaría caracterizado, en su mayor porcentaje, por la clase media, según definió el mismo Guadagni.
Aun así, la importancia de la liberalización del comercio internacional es excluyente para la Argentina y debe ser una de las políticas permanentes -y estables-del gobierno, especialmente en momentos en que, por razones internacionales y locales, los capitales mundiales parecen esquivos a orientarse hacia América latina en general, y hacia la Argentina en particular (según el BM, hoy China es el principal receptor de los flujos de inversión de capitales, mien-tras que, desde el '99 hasta 2002, América latina es la región que muestra la mayor caída (50%), afectada por la crisis de la deuda y por la sustancial caída de la inversión productiva externa. De ahí que no extrañe que para los técnicos del organismo financiero mundial el escenario se presente complejo y, de acuerdo con sus propias conclusiones: «En la actual coyuntura, es difícil pensar en un impulso a la actividad económica y las inversiones que sea más vigoroso que la liberación de los mercados en los países ricos (agricultura y textiles)».
• Sustento
Pero el análisis no termina allí. Para sustentarlo, los técnicos del BM mencionan algunas «perlitas» dignas de mención. Por ejemplo, que:
• Los subsidios agrícolas de los países ricos son seis (6) veces superiores a su ayuda a los países pobres. · Una vaca europea recibe diariamente u$s 2,5 de subsidio de la UE, en tanto que la cifra se eleva a u$s 7,5/día para una vaca en Japón. Mientras, 75% de la población africana recibe menos de u$s 2 por día.
• Los productores de algodón de Estados Unidos reciben alrededor de u$s 4.000 millones de subsidios anuales, cifra que triplica la ayuda que ese país brinda a Africa (pero esos subsidios, además, contribuyen a empobrecer a los algodoneros del este y del norte de Africa, entre otros).
• Los países pobres producen bienes de exportación (agropecuarios y textiles) que enfrentan tarifas aduaneras en los países industrializados 2,5 veces más altas que los bienes de manufactura tecnológicamente avanzada.
Sin embargo, y a pesar de la contundencia de los datos, todavía no se vislumbra alguna forma de avance en la -hasta ahora mal llamada-Ronda del Milenio de la OMC que, si bien formal-mente se inició en Seattle, EE.UU., hace más de 2 años, aún no muestra prácticamente avances. Incluso, las expectativas para la reunión de antes de fin de año, que debe destrabar las negociaciones, no dan hasta el momento señales alentadoras, lo que, según Guadagni se debe, entre otras causas, a la falta de «diálogo intercontinental» (entre Europa y EE.UU.), como sí se registró en la última etapa de la ronda anterior -la de Uruguay-, que finalizó en Marrakesh en 1994 y que, como gran avance, incorporó la agricultura a las negociaciones de comercio, aunque buena parte de los compromisos de entonces todavía no se concretó.
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