Nueva York - «Si uno tiene una bazuca en el bolsillo y la gente lo sabe, probablemente no tenga que usarla», aseguró el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, en una audiencia de la Comisión de Banca del Senado el 15 de julio. Paulson se refería al plan del Departamento del Tesoro, luego aprobado por el Congreso, de autorizar al gobierno a que preste dinero a Fannie Mae y Freddie Mac, así como de inyectar capital en estas dos empresas patrocinadas por el Estado que poseen o garantizan 50% de las hipotecas residencialesde Estados Unidos.
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Llevar una bazuca es una simple analogía para un problema nada sencillo. Se suponía que el resguardo estatal tranquilizaría a los inversionistas. En cambio, devino el equivalente de un letrero de «Cuidado con el perro» colgado sobre las acciones de Fannie y Freddie, y un aviso de «Peligro» respecto de sus bonos. Las acciones de ambas compañías tocaron nuevos mínimos la semana pasada. Fannie descendió a u$s 3,53 desde el máximo de u$s 70 de agosto pasado. Freddie Mac cotizaba a u$s 2,26, frente a u$s 67 de hace un año. ¿Por qué habrían de comprar los inversores acciones de Fannie y Freddie, incluso a precios deprimidos, si una intervención gubernamental supuestamente borraría su capital social?
A los accionistas actuales quizá les conviene evitar un rescate; los bajos precios actuales son una oportunidad de bajar el costo promedio de sus carteras. El resto de la gente parece estarle sacando el cuerpo a lo desconocido. El Tesoro guardó silencio sobre lo que ocurriría a las diversas clases de accionistas y bonistas. «Sabemos que el que tenga bonos prioritarios estará protegido, ahora que la garantía implícita del gobierno se hizo explícita», comentó Andy Laperriere, director gerente de la firma ISI Group. Fannie y Freddie pudieron tomar prestado, si bien pagando diferenciales cada vez mayores sobre la deuda del Tesoro, que se considera exenta de riesgo. El encarecimiento del crédito se traduce en mayores pérdidas para las empresas patrocinadas por el Estado, en cuyo caso su solvencia se pone en duda, o en tasas hipotecarias más altas para los propietarios de vivienda, en cuyo caso aumenta el costo de la titularidad residencial. De una u otra forma, no se está cumpliendo la misión de fomentar la propiedad de hogares. «Paulson puede poner fin a esta crisis», sentenció Michael Aronstein, director general de Marketfield Asset Management. El gobierno debería nombrarle un síndico a Fannie y Freddie y garantizar explícitamente sus bonos, «lo cual haría desplomarse los diferenciales y daría un estímulo al mercado de la vivienda». Los bonos de agencias federales de Estados Unidos son «el tipo de obligaciones que más tiene la gente en el sistema financiero», explicó Aronstein. Si el gobierno toma las medidas antedichas, «le estará dando al sistema financiero ganancias de decenas de miles de millones de dólares» -lo que se acogerá con beneplácito tras las depreciaciones y pérdidas por u$s 500.000 millones contabilizadas en los últimos 12 meses-«y reduciendo el costo de las hipotecas inmediatamente». Luego, si Paulson tiene la autoridad para gritar «listos, apunten, fuego», ¿por qué no acaba de hacerlo? «No es tan sencillo como parece --aseguró Neal Soss, economista jefe de Crédit Suisse-. Hay que idear qué hacer con el resto de la estructura del capital.» Por ejemplo, está la cuestión de qué hace el Tesoro una vez que interviene las dos empresas patrocinadas por el Estado. «El Tesoro tendría que administrarlas», sostuvo Laperriere. « Ningún secretario del Tesoro querría hacer tal cosa.»
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