Dólar: Banco Central recupera capacidad de fuego en el mercado de futuro

Economía

De cara al proceso electoral, el ente monetario apuntala su estrategia de intervención cambiaria al no tener posiciones vendidas en dólar futuro. El año pasado llegó a tener casi u$s5.700 millones.

Lo que era un secreto a voces en el mercado en estas horas el BCRA lo confirmó: cerró el mes pasado sin posiciones en futuros de dólar. Lo hizo al difundir las últimas estadísticas sobre las Reservas internacionales y la Liquidez en moneda extranjera que dan cuenta que el BCRA terminó mayo sin posiciones vendidas en contratos de dólar futuro.

Esto implica que el ente monetario recompró los contratos o posiciones vendidas vigentes en abril por cerca de u$s600 millones, o bien simplemente los dejó caducar. Para ver una situación similar, en la que el BCRA cerró el mes sin posiciones vendidas, hay que retroceder hasta fines del 2019 y comienzos del 2020.

Apuestas

Vale recordar que estos contratos negociados principalmente en el Matba-Rofex o en Byma no implican la entrega física de los dólares sino que las partes, comprador y vendedor, al vencimiento del contrato no hacen otra cosa que compensar la “apuesta”, es decir, solo se cobra/paga el diferencial de precio entre el pactado y el presente, ya se a favor como en contra. De modo que estos contratos negociados por el BCRA no afectan las reservas sino que implican emisión o absorción de dinero según resulte la “apuesta”.

Cabe señalar que el BCRA utiliza estos instrumentos o derivados financieros solo para intervenir y afectar las expectativas cambiarias. Por lo tanto aquí surge la principal implicancia del nivel o stock de contratos que tenga abiertos el BCRA. Porque el objetivo de “vender” dólares a futuro, de parte del BCRA, es una forma de aplacar la demanda presente y bajar las expectativas devaluatorias.

En buen romance, la capacidad de vender contratos futuros de dólar es uno de los cañones del poder de fuego del BCRA para intervenir en el mercado cambiario. Al respecto solo basta con recordar que en el punto más álgido de la corrida cambiaria del año pasado, entre agosto y noviembre, el stock o posición vendida en futuros del BCRA se acercaba a los u$s5.700 millones, lo que superaba al stock de reservas netas en casi u$s1.000 millones.

Esto además muestra que, aprovechando la seudo estabilidad cambiaria (a partir de la desaceleración del crawling peg) el BCRA vino recomprando o dejando vencer contratos por más de u$s5.000 millones en el último semestre. Y por lo visto en lo que va de junio el mercado de futuros opera con bajo volúmen y bajas tasas implícitas, convalidando menores expectativas de devaluación en el corto plazo.

Poder de fuego

Hoy todo luce un poco mejor ya que tanto el stock de reservas netas se ha elevado, la posición vendida a futuro es nula, y el BCRA encima dispone de un stock de bonos para intervenir en el segmento de los dólares informales (faena en la que es apoyado por la ANSeS).

Claro que todo esto es pan para hoy y hambre para mañana sino se fortalece, no solo la posición de reservas netas y líquidas (de ahí la relevancia que toma el potencial ingreso de los DEG del FMI), sino también el contexto macroeconómico tendiente a despejar dudas sobre la capacidad de repago de la deuda. Porque los términos de intercambio que le jugaron en contra a De la Rúa (2000) y a Macri (2018) y a favor a Néstor y a Cristina y ahora a Alberto, no son garantía de nada para el futuro mediato.

Pero como todo está en pos del proceso electoral bien vale saber que el BCRA ha recobrado este cañón de su bateria de fuego para intervenir cuando las expectativas y resultados empiecen a afectar a los mercados cambiarios. Los operadores e inversores monitorean esto y por ello vislumbran, más allá de las lógicas turbulencias electorales cambiarias, que el BCRA disponde de un aceptable poder de fuego, sobre todo, gracias al imperio del cepo y demás restricciones cambiarias, para atravesar el sendero electoral y después Dios dirá. Después decantarán los resultados electorales y comenzará el “tic tac” de los vencimientos con el FMI en 2022.

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