8 de febrero 2021 - 00:00

La operación relámpago de Biden electriza a las Bolsas

Cinco ruedas consecutivas en alza y una batería de flamantes récords en el S&P 500, el Nasdaq y el Russell 2000 encendieron un recorrido más electrizante que cualquier videojuego en oferta. Conducido por una mano veterana, el paquete fiscal avanza hacia su aprobación, y las Bolsas se entusiasman.

Biden

La realidad supera a la ficción. El rally de Biden en el Congreso se abre paso a la velocidad del rayo. Y Wall Street que desconfiaba, ahora no tiene tiempo que perder. Cinco ruedas consecutivas en alza y una batería de flamantes récords en el S&P 500, el Nasdaq y el Russell 2000 encendieron un recorrido más electrizante que cualquier videojuego en oferta. Conducido por una mano veterana, el paquete fiscal avanza hacia su aprobación, y las Bolsas se entusiasman. En las antípodas, y a modo de anécdota, la fulminante revolución de los redditers y los robinhooders se quedó sin combustible, y produjo una masiva cancelación de vuelos. Su nave insignia, GameStop, cayó 85% desde los máximos, prende y apaga el cartel de game over, y que conste que todavía no tocó tierra. La democratización del capital fue recibida con beneplácito por los capitalistas, anhelantes de ceder su lugar en compañías con futuro dudoso, y prestos a la fuga. En el caso de Koss, los dueños, directores y ejecutivos, agradecidos, vendieron acciones por 44 millones de dólares, más que lo que valía toda la firma antes de la euforia en las redes sociales. La acción se precipitó 68% desde la cima de dos viernes atrás. Tomar Wall Street por asalto no es un juego de niños. Es cierto que la masa arrolladora puede ponerle el precio que quiera a cualquier activo mientras pueda pagarlo -en ese sentido, todo lo que toca es oro- pero cómo sostenerlo después, y así –cuando se cortan los flujos– todo tiende a regresar a su estado natural. Una legión de empomados puede dar fe.

La política manda. Y “Sleepy Joe” Biden, como lo bautizó Trump, no sólo no se duerme sino que acuesta a los demás, rápido y con elegancia. Ya se aseguró un piso para su plan -los 618 mil millones de dólares de la contraoferta republicana– pero lo rechazó. Juega en grande y a ganador. Y también quiere que sea ley con el voto de legisladores de los dos partidos. Por si fuera poco, está a punto de lograrlo. Ya demarcó el cauce preciso en el Congreso, y prevé tener lista la sanción antes del próximo “acantilado fiscal”, el 14 de marzo, cuando expiran una serie de beneficios de desempleo extraordinarios. ¿Y de cuánto dinero hablamos? ¿El monto original de 1,9 billones de dólares? No. La regla Byrd obliga a tachar la generala. Por caso, el aumento del salario mínimo quedará afuera. A mano alzada, hoy no hay otra manera de estimarlo, llegar a 1,4/1,5 billones de dólares no luce descabellado. Y a priori era una quimera. ¿Será posible? ¿O se exagera lo que ya consiguió Biden como práctico de su propia navegación? La iniciativa ya tiene aprobado el procedimiento de reconciliación en ambas Cámaras, gracias al voto unánime de los legisladores demócratas más el primer desempate resuelto por la vicepresidente Harris en el Senado. Bastará repetir el simple ejercicio de levantar la mano para que el proyecto, completada su redacción, se convierta en ley. No se sabe si Biden unirá a la nación pero ya consiguió otro milagro, unificar a su propia tropa (inclusive al díscolo senador Manchin). En la Cámara Baja, Nancy Pelosi puso a trabajar a infinidad de comisiones para elaborar la letra chica de la ley, los detalles en los que está el diablo. Se comprometió a tener para fin de mes todo listo, y aprobado con la mayoría propia. El remate será en el Senado. Biden no requiere el voto opositor, pero lo ansía. Y no precisándolo es más factible que lo consiga. Ya conversó largo y tendido con diez senadores republicanos moderados. Su estrategia descansa en una fortísima campaña ante la opinión pública. Tras los magros números de creación de empleo conocidos el viernes, el presidente resaltó su voluntad de verter un auxilio decisivo para las familias en situación crítica en clips de TV. Si la ley se aprueba igual, ¿por qué un opositor no debería subirse al tren de la alegría? Biden copia a Bush Jr. cuando sancionó la baja de impuestos que se devoró la bonanza fiscal heredada de Bill Clinton. ¿Será posible? ¿Qué opina la Bolsa? Cuando Biden sorprendió por la audacia de su plan, Wall Street dio un paso atrás. ¿Cómo iba a imponerlo? Ahora que lo intuye, trepa. La tasa de diez años en 1,17% comparte el criterio. La pendiente de la curva, que se retuerce en los extremos, sentencia una recuperación exuberante. ¿Puede fallar? Claro, por eso Wall Street cabeceó en su momento. Pero ahora prefiere tomar los riesgos y subirse al centro del ring.

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