A contramano de lo que marcaban las encuestas, las elecciones estadounidenses no fueron una “ola azul” sino que exhibieron la fuerte división del país. En rigor, si bien llevaron al demócrata Joe Biden a la Casa Blanca, también mantuvieron a los republicanos como la principal fuerza en el Senado. Terminó cristalizándose lo que muchos analistas del mercado consideraban el peor escenario: una presidencia demócrata con limitado poder de fuego en el legislativo; es decir, un gobierno sin la potencia necesaria para impulsar su propia agenda. Sin embargo, el mercado recibió bien el resultado y, de hecho, ya comienza a generarse un nuevo relato. Ahora, los principales jugadores destacan que un gobierno fragmentado podría ser menos intrusivo y que -aún si Biden se aferra a su agenda progresista- el estímulo fiscal sería beneficioso para el sector privado.
¿Quiénes ganaron (y perdieron) con el resultado en EE.UU.?
Terminó cristalizándose lo que muchos analistas del mercado consideraban el peor escenario: una presidencia demócrata con limitado poder de fuego en el legislativo; es decir, un gobierno sin la potencia necesaria para impulsar su propia agenda.
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Ante este escenario (poco contemplado de antemano) se abren algunas incógnitas. Primero, cabe conocer cuáles son aquellas grandes apuestas bursátiles que -con los actuales resultados- no lograrán realizarse. Es, además, menester determinar qué clases de activos están mejor perfilados de cara al futuro y, por ende, quiénes son (o serán) los grandes ganadores.
Un primer supuesto que estaba embebido en las principales estrategias de inversión era el incremento de la inflación. Los analistas destacaban que un escenario con el legislativo y ejecutivo encolumnados detrás del presidente Biden significaría un salto exponencial en el gasto fiscal y su consecuente rebrote inflacionario, lo cual debilitaría tanto a los bonos como al dólar. Es así que las operaciones de “reflación”, como la venta de bonos del Tesoro o compra de commodities, despegaron en las últimas semanas. Tal es así que el total de bonos con retornos negativos se encuentra en máximos históricos con u$s 17,05 billones. En otras palabras, más de un cuarto de los bonos con grado de inversión hoy tienen retornos inferiores a cero. He aquí los primeros perdedores: el escenario actual parece demostrar que estas apuestas serán de difícil realización.
Además, en medio de la desazón con la performance de los encuestadores, el mercado comenzó a tejer un nuevo relato para justificar los valores récord de la bolsa. Se argumenta que en el escenario actual el Senado republicano no permitirá grandes cambios en el código tributario, en la seguridad social o en los controles sobre las corporaciones, manteniendo el statu quo. Amén de ciertas industrias que serán abiertamente impulsadas por Biden, como energías renovables o servicios públicos, no se esperan cisnes negros en el mercado con un gobierno sin mayoría en ambas cámaras.
Es que con el resultado cerca de confirmarse se alejan cada vez más los fantasmas rupturistas y reformistas. El único gran paquete de medidas que tendría respaldo (parcial) de ambos partidos es el estímulo fiscal para contrarrestar los efectos de la pandemia. Algo que es visto con buenos ojos por el mercado.
Desde el punto de vista bursátil, el statu quo es el gran ganador de la elección. O sea, son las grandes fortunas las que más se favorecen con un gobierno fragmentado. De hecho, parte del valor bursátil generado en las últimas jornadas se debe a que se diluyó la presión entre millonarios por hacer movimientos rápidos antes de fin de año.
Los directores de las principales gestoras de patrimonio señalaban, previo a la elección, que su principal temor era el establecimiento de un sistema tributario más regresivo. Aún cuando el ejecutivo tiene ciertas facultades para aumentar la fiscalización y tapar ciertos vacíos legales, la regresividad impositiva no será modificada de raíz con la conformación actual del parlamento.
La confirmación de que Biden como presidente de los Estados Unidos, tras varios días de alta tensión, trae aparejadas sus interrogantes. En contraste con lo que muchos analistas planteaban, el mercado no parece entender a un gobierno fragmentado como el peor resultado. Por el contrario, el estancamiento político en Washington le da una certeza al mercado: es difícil que se corroa el statu quo. Tal vez, como dijo Cristina Kirchner en 2016, “Estados Unidos más que un país presidencialista es un país sistémico”.
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