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Como sucede habitualmente en estos tiempos, el gobierno debe dar explicaciones sobre el tratamiento de la deuda pública. Si el interlocutor es alemán, como Joschka Fischer, más. El credo de Bielsa siempre fue el mismo: «La Argentina está tratando de llegar con éxito al tramo final de la negociación, haciendo una oferta que supone un gran sacrificio de su población». El ministro alemán -técnicamente, vicecanciller- escuchó sin mover un músculo de la cara y Bielsa prefirió cambiar de tema. Ya tendrá oportunidad de sumergirse en el conflicto con los bonistas alemanes cuando visite Berlín, entre noviembre y diciembre, accediendo a la invitación que se le formuló ayer: serán los días calientes en los que el oficialismo estará cruzando los dedos para que suba la aceptación de la oferta formulada por Roberto Lavagna.
Como en Francia no hay el caudal de bonistas que existe en Alemania, Bielsa fue más pretencioso con Michel Barnier. Eso sí, antes de pedirle nada, lo elevó a la mayor altura: «Como el general De Gaulle a Churchill en 1940, le pido que anuncie el apoyo de su país a la Argentina. Y no me conteste lo que contestó Churchill: 'Es tarde para hacerlo. Más tarde aún es para anunciarlo'», le dijo el canciller argentino (un obsesivo lector de la biografía del conservador inglés, a quien le dedicó alguna página) a su colega francés. Sin embargo, es difícil que Néstor Kirchner consiga de Jacques Chirac el aval ante la comunidad financiera internacional que obtuvo de José Luis Rodríguez Zapatero: «Aquellos eran tiempos dramáticos», se limitó a contestar Barnier.
El ministro Fischer habló de la reforma al Consejo de Seguridad de la ONU y de la conveniencia de incorporar nuevos miembros «por consenso». Francia apoyó la iniciativa, que supone el ingreso de Alemania. Bielsa fue gaseoso en su respuesta: «Nosotros estamos estudiando el nuevo formato y nos gustaría un Consejo más democrático». En el lenguaje cifrado de los reformistas, esto significa que no haya nuevos miembros permanentes. Es el mensaje que, para evitar discordias, se eludió enviar a Lula.
¿Habrá acuerdo entre Mercosur y Unión Europea en octubre próximo? Nadie se muestra demasiado pesimista. Pero ni los alemanes ni los franceses dejaron de mencionar «los límites» que existen para ese tratado de libre comercio. Son la cerrazón del mercado agrícola de Europa y la reticencia a abrir su mercado de servicios por parte de Brasil. Difícilmente se salven esas vallas. Con Barnier fue mejor hablar de Haití: es que allí hay un fondo para la reconstrucción del país del que podrían caer algunas monedas para las empresas argentinas.
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