10 de abril 2001 - 00:00

Buen momento para cambios

Los cambios políticos ocurridos, crean una nueva oportunidad para alinear de manera constructiva un cambio significativo de la administración tributaria, con las realidades que dicta el federalismo fiscal vigente.

Actualmente la mitad de los recursos que reciben las provincias son recaudados por la Nación y transferidos a ellas por un sistema ya demasiado confuso, por las continuas negociaciones que ha habido sobre esos fondos y por la imposibilidad manifiesta de llegar a un acuerdo con un viso mínimo de permanencia en el tiempo. Algunos dicen la Nación recauda y las provincias gastan, otros dicen hay provincias que no pueden funcionar sin el soporte de la Nación, y agregan que cada provincia se arregle con sus propios recursos. Por cierto que éstas son simplificaciones que ignoran tanto la realidad histórica del federalismo argentino, como la esencia de los tributos coparticipados. Hay ventajas considerables en recaudar tributos de manera centralizada como es el caso de los impuestos a los ingresos. Países que tienen un sistema de impuestos a los ingresos recaudados a niveles subnacionales experimentan tal maraña de legislación para establecer a qué jurisdicción se asignan los ingresos que nadie que se haya asomado al problema estaría dispuesto a experimentarlo. El Impuesto al Valor Agregado, cuando se pasa a su federalización, también ofrece complicaciones, aunque algo menores que en el caso anterior.

Reactivación

Pero entonces, si por derecho propio las provincias tienen una participación tan importante en los recursos que el Estado central recauda ¿por qué deben estar excluidas del manejo de su recaudación?

El actual ministro de Economía ha señalado que buscará medidas de reactivación, entre las cuales la rebaja de impuestos es una buena posibilidad. La rebaja de impuestos no puede hacerse de manera aislada. La sola rebaja no será capaz de generar, vía expansión del producto, un aumento en la recaudación que compense la rebaja de tasas. Es imperativo al mismo tiempo fortalecer la administración tributaria.

El fortalecimiento de la administración tributaria requiere un ataque frontal en varias direcciones. Un nuevo esquema de gobierno para la AFIP, un nuevo enfoque gerencial, una inyección temporaria de mayores recursos, una profunda modernización en materia de procesamiento de información, y dada la urgencia sobre la necesidad de reformas y la posibilidad de implementar una baja de tasas, una tercerización de varias de las operaciones que hoy lleva a cabo la AFIP.

Un nuevo esquema

La imposibilidad de impulsar y mantener un clima de reforma permanente en un organismo del tamaño y la complejidad de la AFIP deriva en buena medida de que quienes tienen a su cargo el comando gerencial de la agencia, al poco tiempo de hacerse cargo, quedan atrapados en su manejo diario, sin mucho tiempo para establecer una estrategia de reformas para el mediano plazo. La agencia necesita un plan estratégico debidamente discutido y alimentado con las modernas herramientas disponibles en el terreno gerencial, que se vaya autocorrigiendo a través de un mecanismo de evaluación montado sobre las acciones de la propia agencia.

Una forma práctica de subsanar esa deficiencia es poner la agencia bajo la tutela de un directorio, más bien pequeño, compuesto por cinco o seis funcionarios, con suficiente capacidad y experiencia, que se encargue de la fijación de las políticas, de elaborar la visión estratégica del organismo y de hacer un monitoreo constante de la ejecución de los planes correspondientes.

Y en este punto es donde debieran reinsertarse los principios de un federalismo sano y dinámico. Al menos la mitad de los miembros de ese directorio deberían ser representantes de las provincias. Esto daría a las provincias un sentido de propiedad: tendrían una mayor preocupación por su funcionamiento y mejoraría la calidad de la información. En efecto habría una opinión más equilibrada para las discusiones presupuestarias, tanto en la etapa de preparación del presupuesto como durante su ejecución, incluido lo relativo a ajustes y casi no habría cabida para eludir responsabilidades, o para que una parte enrostrara a la otra la falta de cumplimiento de sus deberes.

Gerenciamiento

Sería muy útil tomar los modelos de manejo gerencial que han dado tan buenos resultados en países que hoy marchan a la vanguardia en materia de administración pública como son Nueva Zelanda, Australia o el Reino Unido. Los principales responsables de área estarían sujetos a un severo sistema de premios y castigo. Por contrato se establecerían metas que se irían verificando. La renovación de cada contrato debería quedar sujeta a una evaluación sobre el cumplimiento de las metas fijadas. Entonces, en el cumplimiento de las metas cada gerente de área pone en juego la continuidad de su trabajo.

Lo relativo a una adopción masiva de nuevas soluciones y herramientas para el procesamiento de la información, aportadas por los adelantos tecnológicos ocurridos en los últimos años es algo que resulta bastante obvio como para abundar en una nota como ésta. Sólo cabe decir que países como Chile y Brasil están mucho más adelantados que la Argentina en el área de gobierno electrónico, como se ha dado en llamar a la aplicación de aquellas soluciones a la administración pública. Estos son recursos que se conocen, que están a la mano, sólo hace falta una decisión política y una buena elaboración estratégica para adoptarlos de manera eficiente.

La necesidad de una mejora en la administración tributaria surge con una fuerza que recrudece, no sólo por la necesidad de cerrar el déficit actual más la fuerte resistencia que ha provocado una baja en el gasto, sino también para compensar la posible caída de recaudación que otras medidas más orientadas al desarrollo puedan provocar, amén de una demanda creciente por mayor equidad tributaria.

Frente a esa urgencia caben pocas alternativas. Los cambios a que se hace referencia antes pueden ponerse en marcha de inmediato, pero va a tomar algunos meses para que rindan sus frutos. Debe recurrirse entonces a esquemas gerenciales y de inyección de recursos que puedan incorporarse de inmediato. La posibilidad de tercerizar se extiende a muchas áreas. La propia elaboración de un plan estratégico, el armado y monitoreo de un plan de fiscalización y el procesamiento de información son áreas posibles.

Una unidad bien capacitada con dependencia directa del directorio o del ejecutivo principal de la agencia se encargaría de hacer un seguimiento del plan estratégico y supervisaría el plan de fiscalización. Ese plan debe incluir un detallado análisis beneficio-costo de cada acción para maximizar el uso de los recursos a disposición del ente recaudador.

En suma: cambios gerenciales importantes, nuevos recursos sólo por un período corto, tal vez no más de dos años, y una nueva visión federal del ente van a significar un aporte crucial para un mejor funcionamiento de la economía argentina.



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