Estados Unidos formalizó ayer la rebaja arancelaria para las importaciones de 57 productos argentinos, que le permitirían aumentar al país en por lo menos 200 millones de dólares anuales los envíos a esa nación. La decisión fue comunicada ayer por Michael Anton, vocero del gobierno norteamericano de George W. Bush, que anunció la puesta en funcionamiento del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), por el cual la Argentina puede negociar aperturas particulares a sectores con alto nivel de proteccionismo interno en EE.UU. El gobierno norteamericano cumplió así formalmente la promesa que el representante comercial de Estados Unidos, Bob Zoellick, había hecho hace cinco meses en la Argentina durante un encuentro con el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Martín Redrado, en el edificio de la Cancillería argentina. Allí, el enviado de Bush le había asegurado a Redrado que la idea de su gobierno era avanzar en la apertura puntual de sectores en los que la Argentina sea realmente competitiva con sus precios, como mecanismo de ayuda y gesto de buena voluntad hacia el país. Como contrapartida, el gobierno de Eduardo Duhalde debía comprometerse a avanzar en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Puntualmente, dentro de los 57 productos que ahora podrán ingresar en Estados Unidos sin arancel, se encuentra el dulce de leche, el mosto de uva, una amplia variedad de quesos, el maní y la pasta de maní, ferroalineaciones y autopartes. Según los datos de 2001, la suma de las exportaciones de estos productos alcanzó u$s 126 millones. Esta cifra superaría ahora, según estimaciones oficiales, los 330 millones de dólares anuales, dada la ventaja competitiva que la Argentina tiene a partir de la devaluación del peso y la rebaja arancelaria dispuesta por Estados Unidos. Estos productos se suman a la siderurgia y la carne, rubros que ya fueron negociados en acuerdos bilaterales. Pero, además, en la agenda figura la posibilidad de negociar la apertura de mercados como las frutas, los cítricos, los cueros, miel, madera, legumbres, algunos bienes de capital y lácteos, entre otros rubros, durante un cronograma hasta fines de 2003. Cuando termine este proceso, para la Argentina se le abrirían mercados en Estados Unidos con un potencial exportador superior a los 1.500 millones de dólares anuales.
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Según Anton, «la implementación de estos beneficios va a estimular el crecimiento en la Argentina a través de nuevas oportunidades comerciales».
Esta política del gobierno de George W. Bush hacia la Argentina es resultado de las negociaciones que en febrero se mantuvieron con Bob Zoellick en Washington y en abril con el viceministro de Comercio Internacional, Peter Allgeier, en Buenos Aires, y que llevaron a la formación del Consejo Bilateral de Comercio e Inversión (en inglés Bilateral Council un Trade and Investment), entre ambos países. Esta oficina se dedica a estudiar sectores puntuales y analizar el impacto que tendría para la economía norteamericana si eventualmente se decidiera eliminar aranceles para las importaciones de un país en particular. Hasta este acuerdo, sólo existen tres antecedentes de creación de este tipo de organismos en América latina: Costa Rica, Chile y México. En los tres casos, la decisión se basó en los avances de los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. El de la Argentina es el primer caso en que la decisión se debe a una voluntad de ayuda puntual del gobierno norteamericano para un país en crisis económica. En un principio, la condición previa que se le iba a exigir al país antes de comenzar la apertura concreta de mercados en Estados Unidos era la de tener prácticamente definido un acuerdo con el FMI. Sin embargo, a mediados de junio, el gobierno de George W. Bush tomó la decisión de separar el trabajo de la SGP de las negociaciones con el Fondo. Parte de esta política se tomó para mejorar la imagen del gobierno norteamericano en el país, de ayudar al sector privado argentino ante la crisis por encima de los problemas internos del gobierno con el FMI.