Además de alimentar a periodistas sin imaginación y a "especialistas" ociosos, es bueno preguntarse de qué sirve marcar un nuevo récord, incluso si éste es nominal (¿ modifica el presente, modifica el futuro?). Pero bueno, ayer el Promedio Industrial no sólo cerró en el máximo del año (ganó 0,81 por ciento quedando en 11.669,39 puntos), sino que marcó el segundo cierre más alto de su historia (¿que cuánto falta para romper el récord?: apenas una suba de 0,46 por ciento, algo que aunque sea por pura casualidad podría darse en las próximas horas).
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Siendo serios, tal vez sea mejor preguntarse ¿hasta cuándo las señales de una economía que se frena seguirán alimentando un rally en el mercado de bonos que -para algunos- es una de las principales razones del atractivo de las empresas cotizantes?
Es claro que a la larga, aunque las tasas sean negativas, si la economía está "floja", el futuro de las empresas no es bueno. Aquí es donde la creatividad del mercado entra a jugar y aparece el argumento de que esto sería compensado si la Fed reduce el costo del dinero realimentando (la burbuja de) el sector inmobiliario, que vía segundas y terceras hipotecas volcaría sus fondos al consumo y al mercado bursátil.
Todo este armado permite entender por qué a pesar de que ayer dos de las principales constructoras (Lowes y Lennar) advirtieron de una merma en sus ganancias, a pesar de que el crecimiento de la confianza de los consumidores y el índice de manufacturas de la Fed de Richmond golpearon los treasuries (cuya tasa a 10 años creció a 4,579%), a pesar de que el dólar trepó a u$s 1,2691 por euro y ¥116,56 ( castigando a las exportadoras) y a pesar de que el precio del petróleo bajó a u$s 61,01 por barril, las expectativas de quienes esperan una baja en los Fed Funds antes de fin de año siguen en torno a 30% y de la mano de Caterpillar y Exxon que el Dow quedó al borde de marcar un nuevo máximo histórico.
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