12 de febrero 2001 - 00:00

Bush, tentado de poner dos hombres en Reserva Federal

Washington (EFE y Reuters) - El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, debe decidir sobre varias vacantes en la Reserva Federal, lo que le ofrece la posibilidad de influir en la poderosa institución en un momento decisivo a causa de la desaceleración económica.

Cuando el plan estrella del gobierno es un millonario recorte de impuestos, la decisión será una prueba de si Bush respetará la tradicional independencia del banco central e, incluso, de si hará gala de la cooperación con la oposición demócrata de la que presume.

El presidente norteamericano no debe tardar mucho en resolver las dos vacantes del Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal, cuya estructura está compuesta por siete miembros, y develar si apoya o no la reelección de un demócrata de raza negra, Roger Ferguson, como vicepresidente del banco.

El presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, quien el año pasado comenzó su cuarto mandato sin oposición, presiona a favor de la continuidad de Ferguson, que es hasta ahora el único «representante» de una minoría en esta institución.

El Consejo de Gobernadores es el núcleo más importante del banco central de Estados Unidos, pues cuenta con mayoría en el Comité de Mercado Abierto, que decide sobre la política monetaria del país. En sus manos está decidir si suben o bajan los tipos de interés, lo cual, durante el mandato de Greenspan, se ha convertido en un instrumento para evitar un repunte de la inflación y, ahora, en un medio para tratar de impedir la temida recesión económica.

Además, los siete miembros del Consejo de Gobernadores, que se reúnen varias veces a la semana, tienen competencias de supervisión y regulación sobre el sistema bancario de Estados Unidos. Los gobernadores del banco central son nombrados por el presidente de Estados Unidos para un mandato de catorce años (que en el caso de cumplir completo no tiene posibilidad de reelección), y deben ser confirmados por el Senado.

El vicepresidente de la Fed, sin embargo, es elegido entre los miembros del Consejo de Gobernadores y su mandato es para cuatro años, como el de Greenspan.

Desde hace más de año y medio hay dos sillas vacías en ese importante órgano, pues no es fácil encontrar a economistas dispuestos a dejar los altos ingresos que ofrecen consultoras y bancos privados a cambio del sueldo de 141.300 dólares brutos al año que le corresponde a un gobernador de la Reserva Federal.

La omnipresente figura de Alan Greenspan y su ascendencia sobre la institución aparecen como otras causas de la falta de posibles candidatos.

De hecho, la anterior vice-presidenta de la institución, Alice Rivlin, renunció en junio de 1999 entre especulaciones de un cierto cansancio personal por la práctica imposibilidad de sustituir en su día a Greenspan.

Aunque la prensa estadounidense está más preocupada por las futuras vacantes en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, las próximas decisiones de Bush sobre la Reserva Federal no son menos importantes.

La reducción de las tasas de interés favorece siempre al gobierno, ya que a los norteamericanos les cuesta menos dinero pedir préstamos, mientras que las subidas de las tasas son muy impopulares, pues su objetivo es constreñir el consumo.

En momentos en que la desaceleración económica es ya ostensible en Estados Unidos y cuando el crecimiento de este trimestre será prácticamente nulo, esas medidas son aun más vitales.

Sin embargo, el presidente Bush ya ha dejado claro que no volverá a hablar en público sobre las determinaciones de la Reserva Federal. Alan Greenspan «necesita tomar sus decisiones independientemente de lo que yo piense. Aprendí una buena lección durante la transición», dijo Bush el pasado 30 de enero.

El político republicano fue criticado durante la transición de gobierno por comentar que la decisión de principios de año de la Reserva Federal en favor de una reducción en las tasas de interés coincidía con su postura de que es necesario incentivar la economía para evitar una recesión.

En tanto, Alan Greenspan presentará mañana su testimonio ante el Senado de los Estados Unidos. Esta vez no será tan optimista como las anteriores.

En julio, cuando declaró sobre la política monetaria, una serie de subidas en las tasas de interés parecía estar desacelerando la pujante economía estadounidense a un saludable pero más manejable ritmo, la inflación había sido contenida y Greenspan fue en 2000 tan popular como lo fueron Los Beatles en 1964.

Pero cuando el venerado jefe de la Fed presente el testimonio conocido como Humphrey Hawkins ante el comité bancario del Senado mañana, probablemente se vea forzado a repetir lo que debió haber sido una dolorosa aceptación para él hace varias semanas: que la economía ha aterrizado a un casi estancamiento.

Greenspan enfrentará también a enojados demócratas que se sintieron ofendidos cuando dio luz verde para que se utilice el enorme superávit del presupuesto para los recortes impositivos, durante su última intervención en el capitolio el 25 de enero.

La posición de Greenspan fue un gran espaldarazo al plan del presidente republicano George W. Bush, de reducciones impositivas por 1,6 billón de dólares.

Greenspan podría tratar de mostrar un rostro afable ante los temores de que la economía pudiera estar cayendo a una recesión, enfatizando en la buena posibilidad de una recuperación durante la segunda mitad del año. Tal como lo hizo el pasado enero, el jefe de la Fed probablemente evite decir que el país ha resbalado hacia la recesión, que se define por dos trimestres consecutivos de contracción del PBI. No obstante, sí admitió que el crecimiento económico estaba probablemente «muy cerca de cero».

Los inversores estarán siguiendo de cerca el testimonio de Greenspan de mañana para tratar de encontrar pistas sobre futuras decisiones en torno a las tasas de interés.

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