Metrovías, Yaguar, Meliá, Banco Galicia y Banco Río son sólo algunas de las 3.000 empresas que están echando mano a la mayor base privada de postulantes a trabajar: la de la AMIA. La mutual judía inauguró el lunes pasado en Pilar su octava oficina para recibir a gente que busca empleo. «Está en la sede de la Sociedad Hebraica, está abierta de lunes a domingo, y obviamente -como las que tenemos ya en Tucumán, Córdoba, Rosario, Lomas de Zamora, La Plata, Mar del Plata y en la calle Uriburu-, es para toda la sociedad, no sólo para nuestros afiliados», explica Ernesto Tocker, director del área Bolsa de Trabajo de la AMIA.
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La entidad cuenta con 100.000 carpetas, y están recibiendo unas 4.500 solicitudes al mes, de las que logran convertir unas 300 en trabajo para el candidato. Tocker admite que compiten con empresas como Adecco o Manpower, pero aclara que «esas compañías, al ser de trabajo temporario, no pueden ofrecer empleo permanente; nosotros sólo hacemos esto último, y el servicio es gratuito».
La actividad comenzó hace unos 30 años, como parte de la acción social de la mutual. «Al principio, era sólo para la gente de la comunidad judía, pero después la realidad del país hizo que tuviéramos que ampliarnos», dice Tocker. «Sí; hay muchas personas que llegan a nosotros todavía con el recelo de que no vamos a ayudarlas porque no son judías; no es así, claro. De hecho, 70% llega por recomendación de alguien que ya vino. De nuestra base de datos, 80% de los postulantes no es judío». Agrega que muchos se sorprenden, además, porque «no les pedimos nada. Para nosotros está claro que los judíos somos una parte de la sociedad, y que no hay que discriminar si no querés ser discriminado».
Tocker revela que, a pesar de que tienen varias empresas grandes entre sus clientes, «nuestros principales usuarios son pymes de hasta 25 empleados. A las empresas más grandes nos cuesta un poco más llegar, porque tienen sus propios departamentos de personal». Esto no fue óbice para que -por caso-proveyeran a Metrovías de todo el personal para su nueva cadena de «Subtebares». Tocker reconoce: «Nos especializamos en la mitad inferior de la pirámide, porque eso nos permite tener volumen como para ubicar más gente». De todos modos, los bancos Río y Galicia han hecho aportes para la capacitación de los desempleados -con la posibilidad de incorporarlos en el futuro-, lo mismo que la AFJP Orígenes y la Fundación YPF.
Tocker agrega: «Tenemos contactos con Shell, con el Citi, con Telefónica y Telecom; hemos ubicado gente en Alto Palermo SA y el Hotel Meliá... Pero de nuevo: las empresas grandes difícilmente tercericen sus búsquedas y cubren muchos puestos con personal temporario. Contra eso peleamos».
En las ocho sedes de la Bolsa de Trabajo están dando talleres para los postulantes para enseñarles a tratar de reubicarse en el mercado, cómo encarar una entrevista, cómo hacer un CV y hasta cómo conservar el empleo. «Muchas veces, nos preguntan cuál es el sentido de una bolsa de empleo en una ONG, y la respuesta es sencilla: si logro recortar el costo de las empresas y, por el otro lado, le consigo trabajo a un desocupado, mejoramos la sociedad. Esa es nuestra tarea básica.»
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