No podrá saberse si la fulminante inyección de papeles líderes locales habrá agotado su cargador, o si se dejó respirar a la plaza frente a la caída en picada que se venía en ciernes. Sólo el devenir de las ruedas dirá si esto fue un desertor institucional que se dio por satisfecho, o si hay más dispersión donde se genere un repunte razonable. El escenario no varió demasiado en cuanto a índices de Wall Street que resultan simulacros alcistas fallidos, mientras Turquía terminó demostrando que no hay modo de defender una moneda cuando se la ataca en firme. El desastre por allá es completo, no puede decirse que lo nuestro mejoró a través de los turcos, pero con el acople del Bovespa en menor nivel, Buenos Aires pudo conseguir el rebote después de tanto apedreo a su rancho.
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Lo de ayer fue de $ 32 millones, los CEDEAR no contaron, y se verificó la aparición de órdenes tomadoras que venían a echar agua al incendio de la semana. Los mismos que resultaron ejes de la caída, fueron locomotoras del movimiento en reversión. Se llegó a un final de saltos constantes para mejorar los «mervales», el clásico cerró en casi «460» puntos y un porcentual de 2,12% en el día. Mañana hay un efecto viernes veraniego al que hay que tener en cuenta, en chatura de negocios, pero quizás la onda de mejoría pueda apuntalarse, solamente con que el gran vendedor se mantenga ausente. Retírese, fulano...