Según las últimas determinaciones de Fernando Henrique Cardoso, el presidente de Brasil, Celso Lafer, su ministro de Relaciones Exteriores, seguirá llevando adelante el vínculo con la Argentina salvo en una cuestión específica: Domingo Cavallo. Para esa tarea, para él cada vez más irritante, Cardoso comisionó a otro de sus colaboradores: el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Sergio Amaral. Será Amaral, en adelante, quien se encargue de aplicar el remedio que el gobierno de Brasil crea más eficaz para las embestidas de Cavallo, quien primero acusó al gobierno de Cardoso de robarles a sus vecinos y recientemente lo señaló por robarle también al público local, todo con el mismo «modus operandi», la devaluación del real.
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Cardoso repasó su gabinete minuciosamente. Evaluó el temperamento de su ministro de Hacienda, Pedro Malan, y enseguida lo descartó como fighter. Hizo bien: Malan está demasiado indignado con su colega argentino (Lafer se lo hizo saber a Adalberto Rodríguez Giavarini anteayer, en Washington) y, además, todavía no fue relevado de la misión de hacer algún ensayo como candidato del gobierno a la presidencia de la Nación.
Tampoco el ministro Lafer cumplía con los requisitos de guerrero planteados por Cardoso. Refinado y lleno de delicadezas, el canciller es el hombre ideal para el trato amigable, armonioso, como está verificando Rodríguez Giavarini, quien alcanzó con él un grado de confianza que tal vez nunca antes tuvieron los cancilleres de los dos países (desde el Baron de Rio Branco y Estanislao Zeballos hasta Luiz Felipe Lampréia y Guido Di Tella, ambas cancillerías se miraron con recelo y hasta rivalidad).
• Agresividad probada
En cambio, la agresividad de Amaral ya fue probada por el presidente de Brasil en oportunidades anteriores: fue su secretario de Comunicación Social y vocero durante el primer mandato presidencial, lo representó después ante el gobierno del Reino Unido y, desde allí, lo hizo regresar a Brasilia para que consiga conjurar la gran paradoja de la economía del país, es decir, que a pesar de las impresionantes devaluaciones, el nivel de las exportaciones no mejore.
Conviene conocer la personalidad y los antecedentes de Amaral, ya que es probable que la fobia brasileña de Cavallo no decaiga fácilmente, lo que volverá al ministro brasileño un protagonista habitual de la vida pública argentina. Por lo pronto, Cardoso eligió para enfrentar al cordobés a un hombre dotado profesionalmente. Nacido dos años antes que su rival (San Pablo, 1944), el actual ministro de Desarrollo se graduó en Derecho antes de egresar del Instituto Rio Branco, donde se forman los diplomáticos brasileños. Le vinieron bien algunos destinos europeos a Amaral: en París, por ejemplo, realizó cursos superiores de Ciencias Políticas, bajo la dirección del célebre Maurice Duverger, aunque nunca pudo rematar su tesis de doctorado (es lo que destacan los cavallistas en Buenos Aires cuando examinan su currículum).
• Experto en finanzas
Sin embargo, el contradictor de Cavallo no es un experto en partidos políticos ni sistemas electorales. Su trayectoria como diplomático lo llevó hacia las finanzas. En efecto, como ministro en la embajada en Washington secundó a Rubens Ricúpero en la negociación de la deuda externa brasileña y más tarde encabezó la comitiva que discutió con el Club de París sobre la misma materia. Pero el background que Amaral tiene sobre su adversario proviene principalmente de cuando, de nuevo con Ricúpero, se convirtió en el segundo del Ministerio de Hacienda de Brasil.
Con la selección de este escudero, Cardoso ya insinuó el tipo de respuesta que dará a las quejas argentinas y a las catilinarias de Cavallo. Es cierto que Rodríguez Giavarini y Lafer pactaron una agenda macroeconómica para la que ya se preparan argumentos en Buenos Aires, previendo la reunión de cancilleres, ministros de Economía y presidentes de bancos centrales del 8 de octubre próximo. Pero el presidente de Brasil piensa contestar con medidas de comercio exterior, actividad que está bajo la órbita de Amaral. La Argentina ya comenzó a sufrir, durante el último año, las restricciones del socio y, por ejemplo, pasó de ser el primer proveedor de petróleo a ocupar el tercer lugar en el ranking. En el despacho de Amaral ya se estudian todos los casos en los que el ingreso de productos argentinos en el mercado brasile-ño es susceptible de ser entorpecido, por más que el ministro se muestre concesivo en la suspensión del arancel externo común del Mercosur.
Sin embargo, la obsesión argentina que domina a Amaral excede las cuestiones técnicas y se extiende a aspectos imprevistos. Dicen en Brasilia que durante el fin de semana, por ejemplo, se dedicó a estudiar un personaje para él de suma atracción: Elisa «Lilita» Carrió. Ya sabe todo sobre ella, aunque lo que más le interesó fue, obviamente, aquello de que «a Cavallo lo voy a hacer terminar tras las rejas». Por lo que se ve, la guerra no se detendrá ante ninguna frontera.
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