«Estamos intentando bajar el riesgo-gobierno, para ser un país seguro y previsible.» La frase pertenece al ministro de Economía, Domingo Cavallo, que por primera vez eligió ser más directo a la hora de buscar la causa mayor del riesgo-país que hoy registra la Argentina. Se trató más bien de una reflexión final que dejó correr el ministro ayer, durante la presentación del libro «Comprender la globalización», del vicepresidente de Goldman Sachs de Europa, Guillermo de la Dehesa.
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En un panel que compartió con Ricardo López Murphy, Cavallo demostró que es un excelente improvisador pero no tan buen lector cuando tiene que reproducir sus propios discursos escritos. Con casi una hora de retraso, Cavallo llegó a la presentación para leer sus principales opiniones sobre el libro y la globalización porque, según dijo, le debía a De la Dehesa una presentación formal de sus discursos. «Señores y señoras», comenzó ironizando Cavallo, para decir: «Hay que aprovechar las oportunidades que da la globalización»; «la globalización no es un fin, sino un medio para el crecimiento de los países»; «es como una llave que si la giras para un lado te aprisiona pero si la giras para el otro te libera y expande»; «hasta el momento ha sido un proceso que ha aportado más polarización y polémica que conocimiento» y «hay que tomar las dificultades de la globalización como una oportunidad y las crisis como una instancia de crecimiento».
En líneas generales, la tesis central que tanto López Murphy como De la Dehesa y Cavallo defendieron ayer fue: «La globalización es un proceso muy bueno y hay que aprovechar las oportunidades que brinda. Es cierto que con la globalización el mundo se ha vuelto más desigual, pero eso ocurrió porque los exitosos se separaron mucho del resto. Porque los exitosos se han vuelto más ricos, pero no porque los pobres se hayan vuelto más pobres».
Así lo señaló López Murphy y lo defendió con datos estadísticos Guillermo de la Dehesa, frente a destacadas figuras como Daniel Marx, Armando Caro Figueroa,Pablo Guidotti, Miguel Kiguel, Beatriz Nofal, Alieto Guadagni y Jorge Aguado: * En los siglos anteriores el ingreso per cápita se mantuvo estable. En el siglo XIX creció 250% y en el siglo XX la renta per cápita se multiplicó por 9. * En los últimos 20 años la pobreza se mantuvo igual pero bajó en términos relativos. En 1987 había 1.200 millones de personas que vivían con menos de un dólar por día. Actualmente sigue habiendo 1.200 millones de personas que viven en esas condiciones. * Pero en términos relativos al total de población: en 1987 28% de la población mundial vivía con menos de un dólar por día. Actualmente ese porcentaje cayó a 20% * En el año 1800, 66% de la población vivía con menos de un dólar por día (considerando la comparación en cuanto al poder adquisitivo de un dólar). Se trataba en ese momento de 660 millones de personas.
Para De la Dehesa, «la desigualdad comienza a ser grande a partir de que la gente deja de ser pobre. En 1800 todos eran pobres, porque aún los más ricos vivían mal».
Por su parte, López Murphy dijo que la globalización «ha aportado la utilización intensiva del ahorro externo pero ese uso debe administrarse con mucho cuidado y prudencia». Asimismo, dijo que con la globalización «muchos se han vuelto exitosos por haber sabido utilizar inteligentemente las oportunidades y por haber sabido aplicar las políticas apropiadas».
Para finalizar, el autor del libro, quien se consideró a sí mismo como un optimista del proceso globalizador, explicó la «forma en que tendremos una globalización con éxito es profundizando la globalización». En este sentido, explicó que el mayor escándalo de este siglo es que los países desarrollados gasten $ 300.000 millones al año en subvencionar sectores agrícolas que no son competitivos. «Europa destina 60% a subvencionar a un sector que empleó 4% de la población. Se crean entonces grandes stocks de leche, granos y productos que son vendidos a los países en desarrollo, que son más eficientes en esos productos. Así, les hunden los precios y empobrecen a estos países. Eso es la falta de globalización», finalizó el segundo de Goldman Sachs.
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