La cúpula de la CGT deliberó ayer durante una larga reunión al cabo de la cual sus capitostes resolvieron iniciar una campaña por el aumento del salario, a pesar de las advertencias de Roberto Lavagna en sentido contrario. Esta presión se traducirá de manera concreta de varias maneras. Por un lado, el marketing propiamente dicho: los gremialistas emitirán mensajes pidiendo estabilidad de precios y aumento de sueldos, al mismo tiempo.
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Por otro lado, le reclamarán a Néstor Kirchner un par de medidas respecto del salario mínimo vital y móvil. Por un lado, le pedirán al gobierno que cumpla con lo prometido en diciembre. Es decir, que los $ 50 de aumento que se otorgaron antes de fin de 2004 se conviertan en abril en «remunerativos». Es decir, que vayan también al pago de jubilaciones y de las «cajas» sindicales, las obras sociales. Esto obligaría a que los $ 50 comprometidos se transformen en 60%.
Pero esa raya también será superada a partir de la reunión de ayer con una nueva exigencia: que ese aumento «remunerativo» se integre a los sueldos básicos de convenio. De esta manera se trasladaría a todos los adicionales salariales que se fijan en función de esos básicos, como el porcentaje de antigüedad, presentismo, etc.
La embestida sindical se produjo después de que fracasaran las negociaciones con los empresarios de la UIA y de una serie de advertencias de Lavagna, las últimas de las cuales fueron pronunciadas en una reunión reservada que el ministro mantuvo con José Luis Lingieri, uno de los triunviros de la central obrera.
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