11 de abril 2008 - 00:00

Chávez no atiende el teléfono

Paolo Rocca quizás haya entendido que su reino no es de este mundo, al menos no en Venezuela. Se encomendó a la Santa Madre Iglesia para que un cardenal, el argentino Leonardo Sandri, medie ante Hugo Chávez y logre lo que no consiguió el matrimonio presidencial: revertir la confiscación de Sidor. Se dice que ayer Cristina de Kirchner llamó tres veces por teléfono a su colega venezolano, pero éste no la atendió. La tarea de Sandri -que ocupó la influyente Secretaría de Estado del Vaticano durante el papado de Juan Pablo II-no parece sencilla: ni el chavismo ni los Kirchner comulgan con la jerarquía católica. Sandri, hoy prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales, iría a Caracas armado sólo de su profunda amistad de años con Rocca. Bagaje modesto si se lo compara con el tamaño del conflicto, con bandas copando la planta de Sidor y amenazas desde Brasil de -esta vez sí- impedir el ingreso de Venezuela al Mercosur. Usiminas es accionista minoritario de Sidor, y Lula sí parece saber cómo defender a las empresas de su país.

La situación en la planta de Sidor está al borde de la violencia:grupos sindicales «coparon» áreas de la empresa a laespera de que se concrete la reestatización.
La situación en la planta de Sidor está al borde de la violencia: grupos sindicales «coparon» áreas de la empresa a la espera de que se concrete la reestatización.
La presidente Cristina de Kichner habría telefoneado tres veces ayer a su par venezolano Hugo Chávez para intentar que el régimen bolivariano revierta su decisión de reestatizar la siderúrgica Sidor, subsidiaria del Grupo Techint. Hasta última hora de ayer no había constancia de que hubiera siquiera hablado con Chávez.

Desde el gobierno admitían «sorpresa» por lo hecho por su «amigo», pero todos los interlocutores habituales -tanto de la Jefatura de Gabinete como de la Cancillería-respondían lo mismo: «Llame a Planificación, que ahí se maneja la relación con Venezuela», como culpando a Julio De Vido por lo sucedido. Obviamente, el vocero del ministro no respondió los llamados.

La Presidente no fue la única en llamar a Chávez: la versión indica que Luiz Inacio «Lula» da Silva habría hecho lo propio; sucede que el poderoso grupo brasileño Usiminas tiene 14,25% de Ternium, el holding que engloba a las cuatro siderúrgicas que tiene Techint en la región (Sidor, la argentina Siderar y las mexicanas Hylsamex e IMSA, recientemente adquirida), y del que la empresa que encabeza Paolo Rocca posee 60%.

La decisión tomada por el chavismo pondría en peligro incluso el ingreso de Venezuela al Mercosur; los mandatarios de la región quizás hayan descubierto lo poco confiable que es Chávez como socio comercial recién tras la confiscación de una empresa que tiene como accionistas controlantes a dos de los mayores conglomerados industriales del mercado común.

Casi en simultáneo, dos de las principales entidades empresariales del país, la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) emitieron sendos comunicados criticando la decisión del gobierno de Chávez y pidiéndole al gobierno argentino que defienda a Techint (ver aparte). Cabe apuntar que -como es de esperar por tratarse de la mayor empresa argentina-Rocca es el poder detrás del trono en la UIA y vicepresidente de AEA.

En las oficinas porteñas de Techint había esperanzas de que la situación se revirtiera, basándose en el débil argumento de que -al menos hasta anoche-Chávez no se había pronunciado sobre la reestatización de la siderúrgica. La idea de que su propio vicepresidente se lanzara de manera inconsulta a anunciar la mayor estatización de la breve historia del bolivarismo, en términos además altamente ofensivos (calificó a Techint de « explotadores abusivos», entre otras lindezas) es inimaginable.

  • Complicado

    Ayer la situación en la plantade Sidor era muy complicada: grupos del sindicato SUTISS -cuyos reclamos culminaron en el anuncio de estatización- habían copado áreas de la empresa como la de recursos humanos y sistemas. También exhibían carteles en los que se leía «Argentinos explotadores de los trabajadores venezolanos» y hasta hicieron una lista de nombres de «empleados vendepatrias aliados a los negreros argentinos».

    Nerio Fuentes, secretario general de SUTISS, en diálogo radial con el periodista Samuel «Chiche» Gelblung, negó que hubieran coaccionado a los empleados y prácticamente tomado la fábrica; sin embargo, el mismo Fuentes le había dicho poco antes a la agencia «Reuters» que «hay una comisión de trabajadores vigilando la planta para evitar la salida de información».

    Con ser grave, estas manifestaciones empalidecen ante el hecho de que el SUTISS decidió interrumpir los despachos de productos en cuanto el vice Ramón Carrizales anunciara la estatización.
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