Seul (Enviado especial)- Frente una crisis financiera global que provoca serios inconvenientes a su economía, y ante la desaceleración de la demanda en los principales mercados que sostienen su agresivo modelo exportador, Corea del Sur puso súbitamente la mirada en América latina, región que, al mantener un crecimiento superior al promedio internacional, puede otorgarle una bocanada de oxígeno tanto en el rol de mercado de consumo como en el de proveedor de materias primas en condiciones preferenciales. Ante la oportunidad que se abre, el gobierno argentino llegó a buscar fuertes inversiones.
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Minería, autos, construcción e infraestructura fueron los principales sectores con los que la Argentina intentó seducir en el primer Foro de Negocios y Cooperación Económica Corea-América latina a gigantes que han hecho de este país la 13ª economía del mundo.
Hasta ahora, las inversiones coreanas se habían volcado hacia su región y, en una segunda etapa, hacia Oceanía. Entre 1968 y 2007, llegaron a América latina desde Corea apenas 6.300 millones de dólares y, de ellos, 150 absurdos millones a nuestro país (sólo 20 millones el año pasado). Algo que ahora se busca cambiar.
El operativo seducción estuvo a cargo del secretario de Minería, Jorge Mayoral, y del embajador en Seúl, Alfredo Alcorta. El primero logró interesar a dos gigantes locales, el estatal Kores (Corporación de Recursos Mineros de Corea) y LS-Nikko Copper, en la construcción y gerenciamiento de una refinería de cobre, un proyecto de 500 millones de dólares. «Están entusiasmados; el tema se seguirá tratando en las próximas reuniones del Comité Mixto de Integración Argentino-Coreano», dijo Mayoral a Ambito Financiero.
Fuentes de las empresas reconocieron el interés y mostraron cuál es su objetivo final, que ampliaría mucho más el negocio: una eventual participación en uno de los proyectos estrella de la minería argentina para los próximos años, la explotación de cobre y oro en Agua Rica, Catamarca, cuyos estudios de factibilidad ya están terminados y cuyo lanzamiento sólo espera las conclusiones de un último informe de impacto ambiental. La puesta en marcha de Agua Rica supondría inversiones por u$s 2.600 millones más, y, dado el volumen de cobre que permitiría producir, justificaría la construcción de la refinería, esto es la incorporación de valor agregado a ese mineral. La especulación es que, incluso, algún grupo argentino pueda asociarse al proyecto si finalmente se subena él los coreanos. «La demanda de recursos mineros crece vertiginosamente. Por eso ahora nos enfocamos en América latina, el último depósito del mundo de tesoros minerales», dijo el presidente de Kores, Shinjong Kim. «En Asia y Australia ya no encontramos proyectos nuevos de interés, pero sí los hay en Africa y América latina», añadió.
Automotores
Mientras, la embajada argentina en Corea del Sur busca atraer a las empresas automovilísticas locales. Al respecto hay que recordar que Hyundai decidió recientemente construir una segunda planta en Brasil, por lo que no sería descabellado que, como varios de sus competidores de otros países, ponga su otro pie en la Argentina para aprovechar las ventajas del régimen automotor que rige entre los dos mayores socios del Mercosur.
Durante su exposición ante el Foro, el embajador Alcorta habló de otro sector con un enorme potencial de inversiones, la construcción de obras de infraestructura, y mencionó «aeropuertos, rutas, redes ferroviarias, puertos, viviendas, etcétera».
«Es un tema que hay que poner en la agenda. La construcción encontró una meseta dentro de Corea y su gobierno promueve cada vez más que las compañías busquen negocios en el exterior. La idea es que traigan el financiamiento de las inversiones y hasta que participen en el gerenciamiento futuro de lo que construyan», dijo el diplomático a Ambito Financiero. Un mensaje directo a Samsung, LG, Hyundai y otros colosos, cuyas actividades exceden hasta lo inimaginable los segmentos con los que los asociamos en la Argentina ( televisores, telefonía o automóviles), y que llevan adelante proyectos de construcción en el exterior por unos u$s 50.000 millones cada año. Un mercado al que la Argentina podría sumarse incluso como proveedora de piedras ornamentales.
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