5 de julio 2006 - 00:00

Comienza puja por precios: lácteas piden ya aumentos

SanCor y La Serenísima, las principales industrias lácteas del país, serían las dos primeras empresas en gestionar un encuentro con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, a fin de plantear su necesidad de que el gobierno las autorice a aumentar los precios de sus productos «controlados».

En el sector alimentario se daba como un hecho que en los próximos días irían las lácteas, las pioneras en esto de acudir al despacho del funcionario: sucede que son las que más están sufriendo el virtual congelamiento de precios dictado por el gobierno para sus productos. Además, y tal como adelantara este diario, a SanCor se le estaba armando un paquete de ayuda financiera desde el Banco Central dado que no tiene acceso al crédito externo desde que Moody's le bajó la calificación.

Este paquete -que sería liderado por el Banco Patagonia, según versiones del mercado- era parte del acuerdo por el que la cooperativa aceptó congelar sus precios; sin embargo, hasta ahora esa ayuda no se concretó pero los precios siguen en el «freezer». Y no parece que Moreno vaya a acceder a modificar este statu quo, al menos antes de fin de año.

Sin embargo, un ejecutivo de una alimentaria (que no es láctea) explicó por qué la reluctancia de los empresarios a encabezar un reclamo por precios: «Esto es como la Primera Guerra Mundial: estamos todos en la trinchera esperando que el capitán toque el pito para avanzar, pero sabiendo que los primeros que salgan van a recibir los tiros...».

De todos modos, no parece que las lecheras puedan mantenerse mucho más con la actual escala de precios: desde el sector explican que sus márgenes históricos de rentabilidad son de uno a dos por ciento en las leches fluidas, que representan 80% de su facturación total. Y si bien sólo las marcas líderes de leche están comprendidas en el acuerdo con el gobierno, esto automáticamente frena cualquier posibilidad de retoque del resto de las líneas de productos.

  • Segundas marcas

    Por caso, las leches SanCor y La Serenísima se venden (precio pactado) a $ 1,54 el sachet. Ambas empresas tiene marcas de segunda línea (Santa Brígida en el caso de la cooperativa; Armonía y Fortuna en el caso de Mastellone Hermanos) que se ofrecen a $ 1,44 el litro.

    Es más que obvio que aun cuando las segundas marcas no están comprendidas en el acuerdo, es imposible aumentarlas, sencillamente porque los consumidores se volcarían a las primeras marcas que -por imperio de esta curiosa política de congelamiento parcial- quedarían más baratas que las de segunda línea. Esta visión de las empresas deberá confrontarse con la teoría que esgrimirá Moreno -cuando finalmente se encuentren- sobre la « rentabilidad global» de las productoras de alimentos: se sabe que el funcionario aguardará a los representantes de las empresas con el argumento de que, si bien pueden estar perdiendo dinero con los productos «pactados», deberían sobrecompensar esa pérdida con los que tienen precio libre.

    Las lecheras, además de su baja rentabilidad (afirman), tienen un alto costo de distribución y logística: deben llegar todos los días a unos 70.000 puntos de venta en todo el país, con camiones refrigerados. Estos costos se incrementaron de manera significativa desde la firma del acuerdo de precios a fines del año pasado, lo mismo que los laborales (las lácteas dieron un aumento salarial de 19%) y los energéticos, por citar algunos.

    Esas serán las cifras con las que SanCor y La Serenísima tratarán de convencer a Moreno de que es inevitable «tocar» los precios de la leche si no se quiere poner en riesgo de desaparición a las empresas del sector. Cuándo sucederá esto es un misterio: nadie quiere ser el primero en asomarse a la trinchera por temor a ser acribillado.

  • Requisitos

    En tanto, ayer trascendieron algunos detalles más de la tumultuosa reunión de la COPAL del lunes, en la que su presidente Alberto Alvarez Gaiani les informó a los representantes de las 42 cámaras que la conforman sobre los requisitos para presentarse ante Moreno a reclamar ajustes en los precios pactados con el gobierno.

    Así, según algunos de los presentes en esa reunión, hubo quienes cuestionaron duramente esta estrategia forzada desde el despacho del funcionario, y reclamaron «plantarse» y hasta hubo quienes pidieron «abrir el juego» hacia otros sectores sociales y políticos.

    Sin embargo, privaron las voces llamando a la prudencia; después de todo, aseguraron, «92% de lo que producimos y vendemos no está alcanzado por los acuerdos de precios; hay margen para negociar». A esta postura se opusieron los que tienen «atada» toda su lista de precios a sus marcas líderes y productos más vendidos.

    Finalmente, la esperanza con la que encararán la ronda de reuniones con Moreno (salvo las lácteas, como se explica más arriba) es lograr del funcionario que les permita «tocar» los valores de venta de esas líneas, y recuperar de este modo parte de la rentabilidad perdida. No parece sencillo alcanzar esta modesta meta: el secretario está «sentado» sobre las listas de precios por orden superior, por razones tanto políticoelectorales como económicas.
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