Los inversores sofisticados pueden ganar 40% en pesos en un año, aprovechando simultáneamente dos fenómenos que están ocurriendo en un mercado desfasado: la caída de los bonos de corto plazo, con el consiguiente aumento de los rendimientos, y el nuevo empinamiento de los contratos de dólar futuro.
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Se trata de una combinación que sólo está disponible para grandes inversores, no menos de u$s 500.000. Antes de entrar, hay que confiar en que no se producirá una devaluación del peso y que el gobierno tampoco decretará la cesación de pagos (default). El mecanismo es el siguiente:
• El inversor compra un BONTE 2002, que según el cierre de ayer ofrece un rendimiento de 19,60% anual en dólares. Su vencimiento es el 9 de mayo del año que viene.
• Al mismo tiempo, vende un contrato de dólar futuro a un plazo cercano a un año. Ayer, este contrato se transó a 1,22 pesos por dólar.
• Esto significa que el inversor se compromete a entregar u$s 100 dentro de doce meses. Recibirá a cambio 122 pesos.
• De esta forma, simplemente se limitará a entregar los dólares que cobró al vencimiento del BONTE 2002. Al recibir el pago del título se ganó casi 20%.
• Y a esa ganancia hay que agregarle otro 22% que obtiene al liquidar el contrato futuro.
• Si el gobierno paga el título y el peso mantiene la paridad 1 a 1, este inversor se habrá llevado algo más de 40% en doce meses (casi 20% por los intereses del BONTE 2002 y otro 22% por el contrato de dólar futuro), un rendimiento nada despreciable para una operatoria muy simple. Eso sí, hay que tenerle mucha confianza al futuro argentino.
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