No dejó huellas el pasar de la rueda bursátil de la víspera, salvo que se anotó como la continuación de un ambiente al que se le puede adjudicar ahora un estado de incertidumbre, donde la derivación es mantener los índices lo más tranquilos posible.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Y tal objetivo se consiguió, como ya sucedió al abrir la semana, con el Merval jugueteando en puntas muy cercanas, con mínimos de 1.333 puntos, máximo en 1.349 y un cierre promediando para clausurar en 1.345 puntos. Esto apenas movió las agujas habiendo transcurrido el horario para modificar el indicador en solamente 0,23 por ciento; esta vez el signo resultó adverso. Adverso, aunque desechable por su muy escaso significado porcentual.
El lunes, sin Wall Street, se trabajó con unos $ 15 millones de efectivo para el sector accionario.
Ayer, con circuito completo, los certificados insumieron más de $ 16 millones y quedaron para títulos ordinarios no más de $ 27 millones.
Lo que implica un ritmo sumamente deprimido y negocios que convierten el horario extendido en un escenario para el tedio. IRSA con baja de 3 por ciento y Telefónica con suba de 3 por ciento resultaron las figuras por encima de lo mediocre. El canje y sus avatares están maniatando los ánimos.
Dejá tu comentario