Los pilotos y los técnicos de Aerolíneas Argentinas concretaron ayer su amenaza de huelga al paralizar la línea de bandera desde las 12. La medida de fuerza afectó a 10.100 pasajeros que no pudieron abordar los 9 vuelos internacionales y 29 de cabotaje que debieron ser cancelados por el paro. Lo llamativo es que, a diferencia de lo ocurrido en la huelga de noviembre último, esta vez tampoco partieron los vuelos de Austral, empresa en la que -supuestamente- no hay conflicto. Los únicos vuelos que partieron -por caso para Rosario-lo hicieron antes del mediodía, cuando se inició la huelga.
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La decisión de parar había sido tomada por una asamblea conjunta de los gremios APTA y APLA, que reclaman incrementos de 74% y 45% respectivamente, pero también prácticamente cogobernar la empresa con planteos como «denunciar el vaciamiento de Aerolíneas», o determinar cuántas frecuencias de cabotaje vuela la empresa y cuántas su controlada Austral.
Estos «pedidos» (que la empresa rechazó casi de plano: ofrece 20% pero no el « cogobierno») trasuntarían algún interés más allá de lo meramente gremial entre los dirigentes de ambos gremios: uno de ellos, APTA, tiene como dirigente máximo al subsecretario de Transporte Aerocomercial, Ricardo Cirielli, cuyo enfrentamiento personal con Antonio Mata Ramayo y sus socios españoles en la propiedad de Aerolíneas nunca se ocultó.
Llamativamente, ninguno de los socios de la empresa se encuentra por estas horas en Buenos Aires: tanto Mata como Gerardo Díaz Ferrán ( designado como negociador justamente para evitar que la personalidad de su socio complique la gestión) se hallan reunidos en Madrid, siguiendo desde allí el paro.
Un rumor indica que Juan Pappalardo -segundo de Cirielli en APTA-y Jorge Pérez Tamayo (secretario general de APLA) le dijeron a la viceministra de Trabajo, Noemí Rial --ante un pedido de la funcionaria de «no hacer daño ni perjudicar a la gente-que «vamos hasta el final, hasta que se vayan estos accionistas, y que Aerolíneas renazca con otra estructura societaria». La versión no pudo ser confirmada. Sin embargo, también es casi un hecho que el gobierno «le soltó la mano» al grupo español y no hizo demasiado para poner en caja el inminente conflicto. Otra versión habla de una supuesta reunión ayer por la tarde entre Néstor Kirchner, el ministro Julio De Vido y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, para tratar el conflicto, rumor que no pudo ser confirmado.
• Gestiones infructuosas
Ayer la cartera laboral tuvo dos intervenciones infructuosas; la primera fue una convocatoria al diálogo de las partes, en base a una propuesta propia que de algún modo intentaba sintetizar los planteos de Aerolíneas y los gremios. Los representantes de la empresa aceptaron la reunión, pero la misma fue rechazada de plano por los gremios, que le dijeron a la funcionaria «no hay nada que negociar:nuestros pedidos son esos, y lo que tiene que hacer Aerolíneas es aceptarlos». La segunda gestión fue intimar a Aerolíneas a cumplir con los servicios mínimos. La legislación vigente impone que al menos 50% de los vuelos deben partir, así como todos los que van a lugares con una sola frecuencia diaria; la empresa respondió que estaba dispuesta a hacerlo, en tanto contara con las tripulaciones. Los gremios respondieron que no los cumplirían; Pérez Tamayo fundó el rechazo a la intimación en que «el transporte aéreo de pasajeros no es un servicio esencial».
A última hora de ayer la cartera laboral volvió a conminar a los sindicatos a prestar esos servicios mínimos, y Aerolíneas programó -en base a lo que marca la ley-trece vuelos de cabotaje y cinco internacionales, que deberían partir antes del mediodía, hora en que -teóricamentefinalizará la medida de fuerza. Sin embargo, para ese momento están convocadas asambleas en las que se decidirá la continuidad o no del paro; la intención de los dirigentes es que siga al menos durante todo el fin de semana, por lo que se repetirán las escenas de noviembre último, con pasajeros aguardando en vano (y cada vez más enojados) la salida de sus vuelos.
La medida de fuerza de técnicos y pilotos de Aerolíneas Argentinas obviamente provocó el unánime rechazo de los frustrados viajeros, de las agencias de viajes y hasta de tres de los gremios que agrupan a otras ramas de trabajadores aéreos. Algunos pasajeros de vuelos cancelados en Ezeiza intentaron impedir con sus equipajes el paso de otros, más afortunados, que viajaban por otras compañías, pero fueron disuadidos por las fuerzas de seguridad y el personal de Aeropuertos 2000.
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