Confirmado: otro grupo español, Isolux, se queda con Aerolíneas

Economía

El gobierno habría encontrado una salida española a la crisis de Aerolíneas Argentinas: Isolux -cercana a Roberto Baratta, mano derecha de Julio De Vido, y constructora del hipotético tren bala a Rosario- reemplazaría a Marsans como accionista principal de la compañía aérea. Tendrá como socios a Claudio Cirigliano ( colectivos y herrumbrosos trenes suburbanos) y al Estado. Los Kirchner buscan convencer al gobierno español y, sobre todo, al canciller Miguel Moratinos -que llega el fin de semana- de que no apuntan contra las inversiones de ese país. Se confirmaría así un adelanto de este diario de hace dos meses, respecto de que era ése el plazo para la salida de Marsans. Aerolíneas perdió u$s 15 millones en marzo, cortesía de Ricardo Jaime y sus pilotos.

La constructora española Isolux Corsan es el candidato oficial para reemplazar al Grupo Marsans como accionista principal de Aerolíneas Argentinas. Tiene una aceitada relación con el gobierno nacional, fruto de varias obras concedidas (por caso, una central térmica en Santa Cruz) y su compromiso a participar del faraónico proyecto del tren bala a Rosario/Córdoba.

La elección de este esquema en lugar del «modelo Esquenazi» (colocar un socio local cercano, como en YPF, que se quede con el control de la compañía aún con minoría accionaria) tiene como razón principal desactivar el argumento de que el gobierno del matrimonio Kirchner guarda animosidades abiertas o encubiertas contra las inversiones españolas.

La decisión sobre el destino de Aerolíneas no se extendería más allá de la semana próxima: los Kirchner querrían resolverlo antes de que se cumplan los 30 días concedidos por el campo para resolver la crisis de las retenciones, y no sumar a un posible nuevo paro rural una crisis aérea. Cabe recordar que este diario había adelantado hace dos meses que ése era el plazo en el que se resolvería la salida de Marsans de AA.

Restarían resolver detalles no menores, como por caso cuánto le pagará Isolux a sus compatriotas por 60% de las acciones de la aérea; el restante 40% se repartiría entre el Estado nacional (20%) y el tan mentado socio local, con el otro 20%. Para este rol sigue sonando el nombre de Claudio Cirigliano (Grupo Plaza, de colectivos y trenes suburbanos), con el indisimulado apoyo del secretario de Transporte Ricardo Jaime, pero se le sumarían al menos otros dos: la operadora de aviones privados Macair (cuya propiedad seguiría siendo de Francisco Macri) y Gabriel Romero, de la constructora Emepa (Ferrovías).

De todos modos, hasta ayer había al menos otros dos escenarios posibles para la resolución de esta situación:

  • La continuidad de Marsans con el Estado como socio minoritario (que acrecería su participación a 20%). Esto sólo sería factible si el canciller español Miguel Angel Moratinos y la subsecretaria para la región Pilar Jiménez logran convencer a Cristina de Kirchner de no avanzar sobre el grupo que encabezan Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz Ferrán. Este último, además, representa algo más que un mero empresario turístico: es el presidente de la CEOE, la poderosa central empresarial hispana. El planteo de Moratinos/Jiménez se sumará así al realizado por el embajador español Rafael Estrella en el mismo sentido, ante el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el propio Jaime, a quien todo sindica como el verdadero «punta de lanza» de la operación anti-Marsans en Aerolíneas.

  • El otro escenario posible, que no disgustaría a Néstor Kirchner, es el mencionado «modelo Esquenazi». Para esto intentaron convencer a Juan López Mena, dueño de Buquebús, de tomar el control de la aérea aún con apenas 20% de las acciones. Sin embargo, el empresario naviero ya habría dicho que no le interesa, aún cuando Marsans podría aceptarlo como socio: es que López Mena se ajusta a la descripción de «empresario serio» que lanzó Pascual en un comunicado la semana pasada, como requisito para ingresar a la empresa. Habrían quedado por el camino también nombres como el de Carlos Avila y el de Eduardo Eurnekian, éste también por decisión propia.

    Lo cierto es que a esta altura la asfixia económicofinanciera a la que sometió el gobierno a Aerolíneas Argentinas ya es terminal: acumula una deuda de u$s 200 millones y el mes pasado habría registrado una pérdida superior a los u$s 15 millones.

    Lo que también preocupa es que ninguno de los tres escenarios planteados garantiza el fin de la conflictividad sindical que llevan adelante los pilotos: se sabe que este gremio sólo aceptará la total reestatización de la aérea.

    Pero APLA, que encabeza Jorge Biró, no es la única en agitar las aguas sindicales en Aerolíneas: el ex subsecretario de Transporte Aerocomercial Ricardo Cirielli -jefe de los técnicos y enemigo mortal de Jaime- está intentado organizar la CATA, una confederación que agrupe a todos los gremios del sector aéreo justamente para enfrentar a su ex jefe. El problema que enfrenta es que sindicatos que representan casi 80% de los trabajadores de la industria (y que capitanea la AAA, de los auxiliares de a bordo) no quieren ni oír hablar de Cirielli.
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