26 de julio 2006 - 00:00

Consejo del Salario, ópera bufa en un acto, por $ 800

El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, recibió ayer a los sindicalistas Juan Manuel Palacios,Hugo Moyano y José Luis Lingieri, antes de la reunión de mañana del Consejo del Salario.
El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, recibió ayer a los sindicalistas Juan Manuel Palacios, Hugo Moyano y José Luis Lingieri, antes de la reunión de mañana del Consejo del Salario.
Los dirigentes sectoriales, sindicalistas y empresarios comenzaron a fines de los 80 a recibir el nombre de «actores sociales». Nadie imaginaba que ese neologismo terminaría siendo literal. El Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil se ha convertido en una especie de Actor's Studio. O, para ser más realistas con la calidad de esta dramaturgia, de «Chiquimundo de Chiquilín», academia más alineada con la doctrina de la «burguesía nacional».

El guionista para este sainete, como para tantos otros, es Néstor Kirchner. ¿Quién si no? Escribió su libreto hace dos semanas, cuando recibió a Hugo Moyano, José Luis Lingieri y Juan Manuel Palacios en su despacho. Como siempre, el camionero le arrancó un «sí»: se levantaría el telón del Consejo para que se fije un nuevo precio al salario mínimo. Fue el primer acto, también el último. La suma dispuesta a conceder por el Presidente sería $ 750 con una mejora proporcional equivalente para el salario familiar. Un mínimo forcejeo y Moyano adelantó otro precio: $ 800 para el mínimo, sin adicional alguno. Lo más probable es que en la reunión de mañana se decida ese sueldo para el piso de la economía.

Sin embargo, en homenaje a la calidad de las instituciones, la comedia debería tener tres actos. Los empresarios montaron el segundo, con el titular de la UIA, Héctor Méndez, como bufo mayor (junto con Carlos de la Vega, Daniel Funes de Rioja, Enrique Wagner, Gregorio Chodos y Horacio Martínez). Eligieron bien Carlos Pedro Blaquier y Paolo Rocca, los titiriteros mayores de la central industrial: Méndez tiene una parada histriónica, recuerda a aquel Rodolfo Crespi infaltable en los domingos de Tato Bores. Sus «bolos» son memorables: «Nunca estuvimos tan protegidos», «Hace 50 años que estábamos esperando esta medida» (por el pago anticipado al FMI), etc. Ahora Méndez le dio vida al papel del empresario regateador, inflexible, con las ínfulas del que de tal cifra no se baja. Disimuló con éxito, al menos por unas horas, que la discusión estaba cerrada en la Casa Rosada, desde donde nadie llamó por teléfono para consultar si había que regalarle o no a Moyano la apertura del Consejo.

  • Afectados

  • Hicieron bien en no asistir Méndez y los demás industriales que lo acompañaron como estrellas invitadas en las deliberaciones salariales. Todos ellos están pagando más o mucho más que ese mínimo de $ 800 que se estaría fijando, según lo que deliberaron ayer en la CGT Moyano y la cúpula sindical. El ajuste en el salario mínimo, en rigor, no afecta a los empresarios tanto como al mayor empleador de la Argentina, el Estado.

    Ayer al mediodía, en un recoleto almuerzo del que participaron tres de los economistas más encumbrados del país, Domingo Cavallo aventuró que el gobierno de Kirchner es portador sano de un virus más delicado que el de la crisis energética o el desborde de los precios. Ese mal oculto, por ahora, es la restricción fiscal. Nada que temer en lo inmediato, es cierto, pero sí una tendencia que debe medirse -recomendaba Cavallo- no tanto por la caja de la que se dispone, sino por los compromisos que se asumen de manera permanente. ¿Habrá un desbarajuste fiscal o antes Kirchner hará crujir toda la economía con tal de preservar sus cuentas? Es una discusión que se planteó en la mesa, pero, como se ve, sólo teórica.

    Tal vez las penurias que supone el ex ministro comiencen a advertirse de manera más llamativa en estos días, cuando gobernadores e intendentes se enteren de que en sus administraciones deberán ajustar la nómina salarial a una nueva base de $ 800. Para estos otros « actores sociales» es más difícil encontrar un libreto. A tal punto que en el Ministerio de Trabajo hasta llegaron a imaginar una regionalización del salario mínimo, capaz de evitar que los municipios o provincias más acorralados por la crisis de las cuentas públicas deban hacer frente al módico salariazo que dispuso Kirchner en la reunión con Moyano. Aquí está el agujero negro del final feliz que van a representar patrones y gremialistas mañana. Y la única solución a la vista es la de siempre: extender algún subsidio desde la Nación que permita al interior hacer frente a las planillas de sueldo de este fin de mes. Si no fuera por la desagradable intromisión de esta realidad en el escenario, la que se celebrará mañana podría ser una aceptable ópera bufa.

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