6 de abril 2001 - 00:00

Copiando "duplicata" brasileña, vuelve la factura conformada


Domingo Cavallo dio instrucciones al equipo económico para que se modifique la actual reglamentación de la factura de crédito o factura conformada, estableciendo un sistema similar a la «duplicata» brasileña que permitirá a las empresas delegar la gestión de cobro de sus facturas en los bancos y utilizarlas como medio de crédito. El sistema irá acompañado de un registro de incumplidores, tal como sucede en Brasil, tan estricto que virtualmente provocará la muerte comercial a quienes no cancelen sus obligaciones.

El sistema de factura de crédito que Cavallo quiere implementar ahora en la Argentina es un símil de la duplicata y conlleva una fuerte participación de los bancos en el proceso:

- Todo comienza con la apertura de la cuenta corriente en un banco. En ese momento, la institución financiera hace una visita a la empresa e instala en su sistema de facturación un software especial de interconexión.


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A partir de ese momento, cada vez que la empresa emite una factura -nota fiscal en la versión brasileña-automáticamente el banco elegido recibe la notificación de la operación que incluye el plazo de pago que se acordó en la operación.

- Además, la factura que emite la empresa lleva ya incluida una frase que indica «Debe pagarse al banco x».


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Para garantizar la operación, el comprador da un conforme en la misma factura especial en el momento de recibir la mercadería. En Brasil se realiza de esta forma ya que no existe el remito.

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Al final del día la empresa cierra la contabilidad y se notifica, también en forma automática, al banco de todas las operaciones.

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El stock de operaciones que se comunican al banco  Al día siguiente de la operación, el banco emite una boleta de notificación de la deuda que envía al comprador. A partir de ese momento, la relación queda establecida directamente entre el banco -encargado de cobrar-y quien debe cancelar la factura depositando el monto en la cuenta de la empresa.

Información

- Por el mismo software de interconexión, el banco le comunica diariamente a la empresa los pagos que se van recibiendo. Hasta la fecha de vencimiento, la factura puede ser abonada en cualquier banco. Esto es fácil en Brasil gracias a un ágil sistema de clearing. Pero una vez que se opera el vencimiento, sólo pueden ser pagadas en las sucursales del banco donde la empresa tiene radicada la cuenta corriente.

- Hasta allí todo es normal, siempre y cuando el deudor no se atrase con el pago. Para el caso contrario, existe un procedimiento estricto.


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Cuando la empresa abre su cuenta en un banco, establece también su política de cobros. Es decir, cuántos días de demora en el pago de una factura está dispuesta a soportar antes de iniciar acciones.

- Todos los días, por el mismo sistema informático, el banco le comunica a su cliente quiénes pagaron y los vencimientos que están pendientes.


 
Cuando el plazo acordado se vence, o cuando el cliente comunica al banco que no está dispuesto a seguir esperando la mora del deudor, la institución comunica la deuda a un registro especial de deudores, el «cartario» en Brasil.

- Este registro es un símil de los bancos de datos de riesgo crediticio que existen en la Argentina, pero las consecuencias de estar allí incluido son mucho más perjudiciales.


- Por lo pronto, el deudor notificado al registro no puede ni alquilar un departamento y mucho menos comprar mercadería a crédito. Es más, en muchos casos se le exige el pago por adelantado antes de comenzar la operación. Gracias a este sistema, el porcentaje de morosos es mínimo.


La factura de crédito original se lanzó en la Argentina por iniciativa del peronista cordobés Miguel Ballestrini, que poco tiempo después dejó su banca de diputado y nunca más fue reelegido. La idea fue apadrinada inmediatamente por Roque Fernández, por lo que se la consideró siempre una iniciativa del Ministerio de Economía. Pero en su versión original, nunca tuvo utilidad práctica. Es más, logró que se acuñara una frase entre los bancos que pasó a la posteridad: «¿Alguien vio alguna vez una factura conformada?», se preguntaban los empleados de bancos. Estuvo ideada para favorecer el acceso al crédito de las PyMEs, pudiendo descontar en los bancos las facturas a cobrar de las empresas, a las que se revistió de características legales suficientes -distintas a la factura común-como para constituirse en un título ejecutivo atractivo para el sector financiero en caso que el comprador no se presentara a cancelar la deuda en tiempo y forma. La idea era que las facturas tuvieran valor comercial de venta en cualquier caso, y no sólo las de empresas de primera línea. Incluso se soñó en ese momento con organizar una rueda de cotización especial en la Bolsa de Comercio para negociar esos títulos. Pero nada de eso se dio. En primer lugar, los grandes compradores, como los supermercados, siempre se resistieron a documentar sus pagos a plazo mediante las facturas de crédito, y los bancos nunca demostraron, salvo rarísimas excepciones, interés en tomarlas como garantía de préstamos a baja tasa.

De todas formas, su creación y la obligación de usarla establecida por ley consiguió que se comenzara a utilizar otro instrumento nuevo que estaba originalmente contemplado como sustituto: el cheque de pago diferido, que fue finalmente lo único que funcionó, hasta ahora, de esa iniciativa.

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