Baja de impuestos y liquidez a privados ya

Economía

Alberto Fernández y su gabinete continúan actuando correctamente. Dio gestos que lo acercan a un hombre de Estado. Pero llegará el momento en que habrá que pensar con épica. Y sin corsets ideológicos.

El Gobierno continúa actuando correctamente ante una crisis que, tal como adelantó Angela Merkel, será la más severa desde la Segunda Guerra Mundial. El presidente Alberto Fernández dio ya varios gestos que lo acercan a un hombre de Estado. No tiene problemas en mostrarse rodeado de toda la clase política, oficialistas y opositores, al frente de la situación. Tanto el domingo como ayer, habló además con solidez y sin llevar nerviosismo a la población. Sanitariamente, las medidas aplicadas parecen las adecuadas, y se evaluarán con los resultados. Las primeras decisiones económicas para enfrentar la situación son las correctas. Antes que nada, se atendió a los sectores de riesgo, como los jubilados y los beneficiarios de las AHU. También se apunta a sostener la obra pública elemental.

Ayer se conoció un paquete preparado por el Banco Central que flexibiliza el acceso al crédito y reduce la tasa de interés. Además, acepta que los bancos tengan más dinero líquido para avanzar en el giro de más fondos al mercado. Se trata de un paquete que, en general, es el adecuado para un primer momento y que sólo tiene un costado criticable: insistir en una Ley de Abastecimiento anacrónica que sólo puede generar faltantes de productos. Más allá de este punto, que suena más a generar temor que a algo que pueda ser practicable, todos los movimientos de Alberto Fernández en esta crisis son ponderables. Sin embargo, el Gobierno deberá enfrentar en poco tiempo un dilema épico. Ya no serán pymes, monotributistas, cuentapropistas, pequeños comerciantes a los que deberá ayudar.

Primero lenta, y luego más rápidamente, medianas y grandes empresas mostrarán problemas de continuidad, comenzando con el aletargamiento del pago de las obligaciones tributarias (las que hasta aquí están inalterables con su ferocidad y presión porcentual histórica), siguiendo con el retraso con el cumplimiento a proveedores y, finalmente, problemas para el pago de salarios. Petroleras, petroquímicas, textiles, centros comerciales, automotrices y sus autopartistas, aerolíneas (especialmente las low cost), transporte, la construcción, las grandes cadenas turísticas y hasta bancos tendrán serios problemas de continuidad. Y, sin trabas ideológicas inútiles y arcaicas, el sector público tendrá que reaccionar.

Será el momento en que Alberto Fernández deberá igualarse a Merkel, Emmanuel Macron, Donald Trump, Pedro Sánchez Giuseppe Conte y, con reparon, Jair Bolsonaro; quienes ya comenzaron a aplicar megapaquetes de salvataje al sector privado; en cada caso con características propias. Hay quienes recompran bonos públicos para que los bancos tengan liquidez prestable a los privados. Hay quienes inyectan dinero en las compañías para garantizar el pago de salarios. Se aplican también planes de salvataje directos, asumiendo deudas de privados con el sistema financiero a cambio de un futuro préstamo puente para cuando la crisis termine. Y también hay casos de estudios de nacionalizaciones temporarias o con continuidad. Incluso se piensa en programas transnacionales, con apoyos de bancos de un país a otro.

Todo está en conversación. Sin trabas ideológicas de ningún tipo. Se ve a jefes de Estado y de Gobierno socialistas aplicando normas de mercado y a otros de centroderecha avanzando en keynesianismos modernos. Si una política sirve y ayuda, se aplica. Incluso en la Argentina se percibe que comienza una nueva etapa de interpretación de los problemas económicos generados por esta megacrisis y su potencial salida adelante. Un ejemplo de esto son las declaraciones de ayer de Carlos Melconian, de indiscutible currículum ortodoxo, quién advirtió directamente que “no hay lugar a la discusión pelotuda de shock o gradualismo: es shock y no hay duda que vamos a al gasto fiscal expansivo”. Habló de la necesidad que el trabajador mantenga su empleo y su salario y que el empresario sus costos. Esto en medio de una economía local e internacional que estará parada y que sufrirá a nivel mundial una recesión con características monumentales. Y ya no alcanzará con atender a los sectores menos beneficiados a las pymes y los pequeños contribuyentes.

Será el momento en que las decisiones apunten también a las grandes compañías del país (incluyo algunas de capital extranjero), pero de las que dependen miles y miles de puestos de trabajo que, en semanas, estarán en serio peligro. Las primeras decisiones en este sentido deben ser urgentes y apuntando a la suspensión de los vencimientos tributarios inminentes, y ampliación de los créditos habilitados para pymes a empresas de mayor tamaño con problemas de continuidad vinculadas con la crisis. Pero luego, habrá que pensar con épica. Y sin corsets ideológicos. Será el tiempo de pensar con grandeza la economía argentina de la pandemia y, quizá, del futuro.

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