Día tras día se agravan los conflictos laborales y sociales a lo largo de todo el país, tanto en empresas privadas como en el Estado. Los promueven no ya caciques sindicales ni, como en otras épocas, sectores ideologizados en lucha con aquellos jefes eternos de las organizaciones gremiales. Más bien, se asiste a la aparición de manifestaciones de protesta protagonizadas por espontáneos que ven que hubo más inflación, que hay falta de autoridad en el Estado y debilidad de jueces para defenderlas posiciones de las empresas en campo propicio para sus reclamos. Saben que cualquier presión que hagan, y más si tiene eco de prensa, será eficaz porque no hay contención en los niveles del poder y que los empleadores, privados o públicos, se verán forzados a ceder. Desde ayer, hay paro en hospitales públicos de Capital; hoy se suman universidades de todo el país; también, la administración pública porteña. Detrás vienen judiciales y maestros. En el sector privado, el panorama es también el de una escalada de conflictos: gremios con historia de insurgencia como SMATA -mecánicos de automotrices- recurrirán al método piquetero de cortar calles para reclamar que las empresas lleven el salario mínimo a $ 2.000. Están en marcha negociaciones de mercantiles y trabajadores de la carne, por citar sectores ligados al consumo primario y que podrían impactar sobre los precios. El gobierno se defiende con el argumento de que los reclamos reflejan un cambio positivo, que no son protestas por cierre de empresas o despidos, sino para participar de la supuesta mejoría económica. Es una mirada errónea: el conflicto permanente predispone mal a los ciudadanos y genera malestar e incertidumbre entre los empresarios, que deben soportar las presiones sindicales y aguantar, desprotegidos, la toma de empresas o su paralización ante un gobierno y una Justicia que no intervienen.
Sindicalistas estatales amenazan otra vez con paros en los hospitales de la Capital Federal y en los centros que dependen del gobierno nacional. Ayer confirmaron 48 horas de protestas a partir de mañana.
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Pero esto también lo confirman los datos: durante mayo, en todo el país se registraron Informate más
Y nada permite suponer que ese desborde de reclamos -que derivan en medidas de fuerza de distinto tipo, algunas más violentas que otras se interrumpa o siquiera se modere. Por el contrario, todo indica que se agravará.
Al margen, hay que evaluar el sector estatal, el más proclive y activo a la hora de las demandas. Indicadores que lo prueban: de los 386 conflictos del último año,
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