Hay quienes en la jornada previa veían a la negativa del Dow de cerrar por debajo de la línea de los 10 K (aunque más no fuera por míseros 2 puntos) como el mejor argumento para apostar a una pronta recuperación de las acciones. Como suele suceder, la realidad terminó imponiéndose y de la mano de nuevos atentados en Irak, que el déficit comercial de agosto es el segundo más alto de la historia, que el déficit federal rompió todas las marcas previas, que el número de norteamericanos sin empleo creció por encima de lo esperado por los analistas, que el precio del petróleo cerró nuevamente por encima de los u$s 54 por barril (apenas a 25 centavos de romper la línea de los u$s 55), que el grupo asegurador AIG está en problemas legales (se lo acusa de algo parecido a "sobornos", lo que hizo de este papel la " estrella" de los comentarios y el "estrellado" del Dow al perder 10,2% de su valor), más un cúmulo de reportes contables de distintas cotizantes que poco y nada ayudaron para disparar el entusiasmo de los inversores, un deslucido debate presidencial que lo único que dejó en claro es que hoy los demócratas parecen más capacitados para reducir el déficit, y los republicanos, para crear empleos (casi podríamos exclamar: "Al revés del pepino") y con un volumen "interesante", el Dow terminó perdiendo 1,08% para cerrar en 9.894,45 puntos, mientras el NASDAQ cedía 0,91% y el S&P 500, 0,93%. Algo que no hemos comentado últimamente es que los inversores parecen estar buscando refugio en los bonos del Tesoro ante al cúmulo de malas noticias que vemos casi a diario. Así la tasa de los treasuries a 10 años cerró en 4,01% el mínimo desde el 24 de setiembre.
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