Bajar impuestos ya. Ayuda a privados ya

Economía

El Gobierno está bien orientado en sus primeros pasos para enfrentar la crisis. Sin embargo, ya debe pensar cómo paliar una recesión mundial.

El Gobierno de Alberto Fernández está bien orientado en sus primeros pasos económicos para enfrentar la crisis. Atender a los sectores más vulnerables es primordial. Que jubilados y beneficiarios de planes sociales tengan rápidamente mayor disponibilidad de efectivo es, sin duda, el primer e imprescindible paso. Lo mismo orientar la primera ayuda tributaria y fiscal a pymes y hacia los rubros más afectados por la cuarentena; es imprescindible.

Pero el oficialismo tendrá que pensar rápido en que todo esto resultará, en un tiempo breve, muy poco para enfrentar lo que realmente se viene: una recesión mundial (y, obviamente, local) que puede tener dimensiones épicas.

En pocas semanas ya no serán las pymes afectadas por la suspensión de la circulación de personas las que mostrarán problemas de continuidad. No serán sólo los pequeños emprendimientos turísticos, restaurantes, bares, comercios de las arterias donde circulan visitantes, taxis o agencias de viajes las que comenzarán a cerrar. Tampoco serán los únicos perjudicados los monotributistas y cuentapropistas que integran la inmensa masa de la economía informal argentina que, según el propio Gobierno, llega al 40% y que no necesariamente responden a beneficiarios de planes sociales; sino que integran gran parte de la clase media que sostiene la economía del país.

Esta, una vez que se frene el circulante de dinero, directamente no podrán realizar las operaciones normales en un país; y agigantarán la crisis. Todo esto, por trágico que parezca, no será lo peor que aparecerá en poco tiempo. En semanas, quizá meses, serán las petroleras, administradoras de grandes tiendas y shopping, grandes constructoras, químicas y petroquímicas, automotrices, hoteles, aerolíneas privadas (incluyendo las low cost), grandes cadenas de electrodomésticos y sus fabricantes locales los que no podrán seguir trabajando. Y anunciarán cierres y eventuales despidos masivos. No es un escenario apocalíptico o caprichoso.

Es lo que está pasando en el mundo desarrollado; donde, lamentablemente, las consecuencias de la crisis se anticipan a lo que luego sucede en países como Argentina. País que, para peor, se encuentra en un estancamiento insoportable desde hace 10 años y en una crisis de deuda terminal desde abril de 2018. Son tiempos únicos donde se necesitan medidas épicas.

De salvataje al único sector que realmente sacará al país de la crisis: el privado. Obviamente, codo a codo con el sector público. Es el momento, de una vez, de reducir una presión impositiva que, dentro de semanas, se volverá impagable. Y de pensar en comenzar a desmontar un sistema de costos previsionales y laborales que alientan la expulsión de trabajadores en blanco, en lugar de su contratación.

Es el momento de mirar a la Bolsa de Comercio y entender que un Gobierno moderno no puede mirar impávido (como no lo hace ninguno en el mundo serio y desarrollado) como una empresa que emplea a miles de personas pierde un 60% de su valor, sólo por el hecho de estar en el sector equivocado en una crisis generada por un cisne negro que nadie pudo prever y cuyas consecuencias finales aún son imprevisibles.

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