11 de abril 2006 - 00:00

Cuando el temor afecta demasiado al gobernante

Primero lo descubrió el periodismo que aún tiene libertad de análisis. Luego los sindicalistas, los jueces y el resto de la sociedad: Néstor Kirchner no teme enfrentarse al francés Jacques Chirac, al Fondo Monetario, a empresarios, a la prensa, a ganaderos, a militares, a los políticos, a George Bush, pero lo cohíbe cualquier posibilidad de quedar frente a frente con un sector medianamente masivo de gente, sean piqueteros, trabajadores, bolivianos, la izquierda ultra, los cierra-puentes entrerrianos o las multitudes de plaza que reunía las protestas de Juan Carlos Blumberg. Para gobernar es una disfunción peligrosa porque ninguna gestión de mando en una nación puede satisfacer a todos los sectores. Menos en el corto plazo.

Las manifestaciones en Francia, días y días contra una ley laboral, deben parecerle de ciencia ficción al Presidente. No entendería a aquel mandatario mexicano que puso preso al intocable y superpoderoso sindicalista «la Quina» para poder gobernar. Aquí todavía tenemos la vergüenza de que impositivamente los sindicalistas no son inspeccionados.

  • Presiones

  • En la medida en que perciben el lado flaco del Presidente los primeros en aprovecharlo son los sindicalistas, reacios a las luchas frontales que alteren su buen pasar. Conocen la iracundia de Néstor Kirchner frente a rivales individuales o que representen sólo intereses particulares, pero también su apaciguamiento si le invocan reacción de masas posible detrás de los rostros que tiene enfrente, aunque los desprecie. Los distintos agrupamientos laborales de la sociedad también ya perciben esto y por eso presionan a los jerarcas gremiales, como contrapartida a permitirles su enriquecimiento personal.

    Obtener aumentos salariales en la Casa Rosada por encima de la inflación de un período es sabido -Italia fue un ejemplo clásico- que distorsiona la economía y la equidad social. Con sólo recuperar permanentemente el alza de precios en los salarios se genera una espiral alcista que termina absorbiendo esos mismos salarios incrementados y peor para los que no lograron lo mismo. También se pudo conocer bien aquí con lo sucedido en la presidencia de María Estela de Perón donde los gremialistas se ufanaban de lograr aumentos primero de 50%, luego de 80% a 120%. Esta pobre mujer ante la CGT en plenario de delegados sindicales miraba sonriente a su ministro de Economía, Emilio Mondelli, y en público y por televisión le pedía que fuera bueno «con los pedidos de los muchachos». Obligado, Mondelli aflojaba contra toda lógica económica. Cuando la viuda de Perón fue depuesta por un golpe la inflación se proyectaba a 2.100% anual. Lógico.

    Con Alfonsín la hiperinflación llegó a una proyección anual casi de 3.000%, aunque este radical no cedía por temor a los movimientos en las calles ni por demagogia, sino por haber dejado al país sin divisas por mala administración de las cuentas públicas.

    La variable de mejora real del bienestar de cada ciudadano en un país con madurez y auténtico crecimiento no es sólo el salario sino el conjunto nacional donde está inserto. Eso requiere autos, heladeras, colegios para los hijos, espectáculos, vacaciones cada vez más accesibles con su salario. Todos los sectores laborales no tienen el mismo poder de huelga ni todas las empresas la misma posibilidad de volcar a precio cualquier aumento que le impongan los sindicalistas apañados por el temor del gobernante a que algún sector no lo aprecie. Si sucede se crea así la técnicamente llamada «distorsión de los precios relativos» porque si la leche, la carne, el pan, se pagan por ser imprescindible de consumo, al nuevo precio elevado, no sucede lo mismo con los libros escolares, la peluquería, el dentista y otros bienes y servicios que menguan su venta a más valor. El gremio que puede presionar, y provoca inflación por pedido de aumentos exagerados, lleva al empobrecimiento de otros sectores. Se reduce el bienestar, la salud, la educación. Siempre sucede en sociedades que no tienen crecimientos individuales sectoriales acordes con el mejoramiento productivo general. Que haya un sector mínimo rico aún en sociedades pobres no cambia el conjunto. Interesan los sectores que numéricamente gravitan. Precisamente los que causan escozor al actual gobierno llevándolo al riesgo de inequidades, inclusive para los momentáneamente beneficiados cuando los privilegios individuales repercuten en el conjunto social.

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