El viernes resultó «día de guardar», dejando correr el horario y manteniendo lo que se pudo conseguir en cuatro ruedas previas. Y no fue poco, como que el saldo arrojó 4% de aumento en el Merval, mientras que para el Dow y el Bovespa el período pasó casi sin dejar huella. Que el amistoso señor Zapatero, sin saberlo, fue capaz de quebrar la erosionante monotonía de casi todo enero en la Bolsa porteña: quedó, claramente, a la vista. Porque lo demás, francamente, siguió su rumbo de señales peligrosas dentro de la vida nacional. Y la utilización hábil de lo dicho por el gobernante español, que otorgó su aval dialéctico pero no posee los bonos para el canje, resultó un mérito exclusivo de los ansiosos operadores locales. Que estaban a la caza de «algo», que sirviera mover la pesadez y evitar el riesgo de perforar los 1.300.
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El viernes se pareció mucho más al inicio semanal, que a sus mejores momentos. El 4% provino de sólo dos ruedas con impulsos alcistas en órdenes y precios, quedando la fecha final como un mantenimiento del índice y ese cúmulo de negocios que decayó a los 38 millones de pesos.
Nuevamente, las cartas pasaron a barajarse desde la oferta y ésta respondió con mesura: no obligó a desagios y se acomodó a una demanda empobrecida. Lo cual: dejó cierta expectativa por el último día de enero.
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