Culpar a la macro es no tener razones

Economía

Tal vez no sea la manera más elegante de ponerlo, pero "hay que creer o reventar". Por tercera jornada consecutiva, el mercado tuvo un arranque pletórico de optimismo de la mano de datos macroeconómicos más que positivos (esta vez fue el PBI del tercer trimestre, que trepó 4,3%), sólo para terminar otra vez del lado perdedor, con el Promedio Industrial cayendo 0,76 por ciento a 10.805,87 puntos. Lo cierto es que ahora sí las caras de los inversores comienzan a mostrar algún rictus de preocupación. La excusa para tratar de explicar el malhumor es prácticamente la misma que la de la jornada previa: una economía que crece demasiado disminuye el incentivo de la Fed a suspender su actual política de incremento en el costo del dinero, lo que castigaría el negocio de las cotizantes y eventualmente podría "pinchar la burbuja inmobiliaria". Dado que este argumento no alcanza para explicar por qué a la mañana el «crecimiento de la economía» apuntalaba las acciones, mientras que por la tarde lo deprimía, algunos señalaron el rol del "Beige Book" que describía la economía creciendo "firme" en casi todo el país. El problema es que para cuando se difundía este informe, el Dow ya había entrado en la zona perdedora. Como el martes, ayer se vio otra vez crecer la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años, que cerró en 4,512%, pero a diferencia de aquel entonces, el petróleo tuvo un ligero repunte a u$s 57,3 por barril, mientras el dólar trepó a u$s 1,1778 por euro y retrocedió a 119,47 yens (el oro cerró calmo en u$s 494,7 la onza), lo cual habla de un escenario diametralmente distinto. Es así que el mayor responsable de la merma del Dow fue General Motors.

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