La tranquila ciudad de siete millones de habitantes observó con asombro el sábado cómo cientos de personas que marchaban contra el libre comercio atacaban a la policía antimotines mientras trataban de seguir su camino hacia el centro de convenciones del puerto en donde se llevó a cabo el encuentro.
Ayer, luego de que se dispersaran los protestantes, un grupo de cien surcoreanos permanecieron en una sentada pacífica. «No tenemos ningún plan para crear problemas. Estamos aquí porque los campesinos coreanos están en la cárcel y sin ellos no volvemos a Corea del Sur», dijo uno de los surcoreanos.
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