¿Qué pasó?.. ¿Volvimos a la década del '80? Una expresión que podía sonar a lógica, aunque parezca absurda, al ver el volumen para acciones que se conseguía reunir en ese jueves tan particular de noviembre de 2000.
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¡Cinco millones de pesos para toda una rueda normal, Wall Street funcionando y sin situaciones atípicas en el devenir local! Cinco millones era una rueda de «las de antes», aquéllas entre cuatro paredes, que no tenían ni una sola orden del exterior por el inversor de afuera tenía trabas por todos lados para poder operar. No estaban las blue chips (y a éstas se las llamaba simplemente «clásicas», o «rectoras»). Y mucho menos había acciones de dos banderas, que cotizaran en alguna otra parte importante fuera de aquí (las más exóticas eran Astra y Comercial, con todo el misterio de cotización en Ginebra). Otro aspecto fundamental que no vivía en nuestro recinto eran las enormes «privatizadas» que luego entraron con todo el peso de su capitalización y el imán de sus grandes poderíos. Obviamente, ni hablar de fondos pensión moviendo millonadas para inversiones; a gatas, y gracias, estaban «los fondos comunes» y restringidos a una sola especie, de acciones combinadas.
Sí estaba el mismo recinto electrónico, que se había inaugurado para 1984, y que parecía todo un lujo innecesario por la capacidad que tenía y la poca realización de montos transados. Era una Bolsa netamente nacional, local, que hablaba de lo que pasaba en otras partes, casi como una nota de color por algún hecho notable. ¿Se caía a pedazos el Dow Jones?.. ¿Y qué? Por aquí las tendencias se nutrían de hechos netamente locales, de balances, de perspectivas de la economía. Las referencias técnicas pasaban por la relación el «valor libros», con las ganancias o pérdidas, y por la sanidad de endeudamientos. La otra «técnica», la de los gráficos y pantallas, estaban en pañales en nuestro medio y se veía a sus cultores como una especie de hechiceros de la Bolsa (llevando gráficos a mano). Era una «Bolsita», chica, movediza, todavía bien nutrida en especies y donde todo pasaba en el piso del recinto, mano a mano, sin derivados y sobre las acciones ordinarias en el plazo de 72 horas. Los más audaces «caucionaban», lo que parecía toda una hazaña y el resto jugaba con plata en mano y solamente algunos más veloces, pero de los que iban todos los días, se animaban con la jugada «de aire». Era un sistema que estaba totalmente desnudo, comparado con los derivados, bocas de expendio, tecnología incorporada, que hay ahora. Y ese mercadito, ese centro que conservaba todavía comunes rasgos de su historial y mucho del arte operativo, hacía ya ruedas parecidas a esos vergonzosos -cómo llamarlos, sino así cinco millones del jueves pasado. Una rueda para poner en un marquito. Un mudo testimonio sobre cómo se vuelve a la miseria, después de haberse querido codear con el «jet set». Se supone que esto no habrá de perdurar, se supone, pero esa rueda debía quedar anotada como un cachetazo de la historia...