La «Cámara de Inversores en Valores Mobiliarios», fundada y adherida a la Bolsa de Comercio desde hace 35 años, nos remite material con profundo enojo, por lo que entiende resulta una discriminación que viene siendo víctima. Más precisamente, al volver a tratarse lo que quizás resulte «la ley» más famosa y conversada de cuantas nunca han llegado a sancionarse, dicha Cámara solicitó participar en las rondas que se montaban para tratamiento de esa suerte de «Ley de Defensa del Inversor» -o cosa por el estilo-y lo hacía desde un atalaya lógico: si se va a tratar de armar normas para defensa del inversor minoritario, resulta interesante oír la voz de los que representan de manera fehaciente esa figura dispersa en miles de poseedores de pequeñas tenencias de títulos. Pues, como en otros gobiernos y con otros funcionarios, véase que tampoco ahora se da cabida a esta entidad, y en una de las respuestas -desde la Secretaría de Finanzas-se ensaya el siguiente razonamiento: «Como ustedes están adheridos a la Bolsa de Comercio y ésta tiene participación activa en la realización del trabajo, no tiene caso que se los cite» (no es literal, pero sí el concepto). Objeción: la Bolsa de Comercio no tiene por misión la de proteger al accionista minoritario (de hecho, jamás se preocupó en hacerlo) y el derivado a lo que lleva esto sería: para qué cuernos hay una Cámara expresamente determinada para los inversores, que no es una iniciativa privada o alejada del ámbito natural, sino que desde hace 35 años es una de las integrantes del concierto empresario de la Bolsa de Comercio. Si cuando hay que discutir, justamente, más en el centro imposible, lo que es el leitmotiv de su existencia: se la ignora olímpicamente con un razonamiento que se cae a pedazos ni bien empieza. Hay una nota elevada a la comisión que en el Congreso se ocupa del tema, procurando ver si se le da el derecho de --por lo menos-deslizar algunas sugerencias para que las normas sean más completas. Mucho nos tememos que recibirán, si es que reciben, alguna otra respuesta torpe con la entrelínea de: «No molesten, che... los que sabemos somos nosotros y los que nosotros queremos que sepan». Estas líneas no hacen más que aportar el rasgo de la difusión pública, masiva, aunque seguramente también resultarán totalmente ignoradas por los sabios funcionarios y legisladores con que se puebla este bendito país. Habrá que aguardar y ver con qué engendro se aparecen y donde el inversor minoritario resultará -como siempre-una figura virtual. Es que ya van quedando tan pocos... Dense a conocer estos «cupones». Y archívese. Amén.
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