¿Es que en serio nos podemos creer que se cumplirá el compromiso de no aumentar el gasto durante cinco años? ¿Es posible seguir viviendo de irrealidades a sabiendas, de mentirnos entre todos y de firmar ciertos papeles, o aprobar ciertas leyes, que lleven en su seno el «restablecer la confianza»? Esto parecen creerlo los políticos, los gobernantes, los funcionarios de entidades locales y extranjeras... Menos la gente, al menos por ahora ¿Se puede razonar, entonces, que los que están en el llano son más astutos, inteligentes, que los que están arriba del poder en la escala social? Pues, creernos esto parece más insensato todavía, que creernos el primer argumento expuesto.
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Si hubiera que ordenar ambas cosas, pues se nos ocurre que los de arriba saben que mienten a sabiendas, pero los de abajo lo saben. Y lo que parecen ignorar los de arriba, es que los tontos lo son cada vez menos.
Esto es como pensar que al Fondo Monetario le cabe el tragarse el sapo vivo de aparentes acuerdos sobre cuestiones imposibles de cumplir, o de que se puedan sostener en el tiempo ¿O uno va a pensar que esos analistas de números íntimos de países, no tienen el largo legajo con todos los incumplimientos de acuerdos firmados por cada uno? Vamos...
Seguimos queriendo fabricar un clima artificial que posea algún tiempo de duración: el drama argentino desde por lo menos la famosa «tablita» de Martínez de Hoz, antes de eso «la inflación cero» de Gelbard, después con la magia blanca del «austral». Terminando con la otra magia -negra- de la convertibilidad y el modelo. Todo duró un tiempo, casi nada en lo que es la historia de un país, y después se volvió a lo de ahora.
Un cirujano argentino, que se radicó en Italia desde los años '70, para hacer brillante carrera en ese país, cada vez que nos visita en la Argentina -lo hace cada tantos años- repite siempre lo mismo: «es notable cómo los gobiernos siempre repiten la frase, que repetían antes de irme de aquí. Y esa frase es: «hay que pasar este año y el que viene será el de la recuperación...». Es como ver pasar un documental de décadas y darse cuenta de que hemos crecido, tal como lo describe éste profesional. Cada nuevo año será el del crecimiento, el del resurgir, el de la Argentina potencia, la del Primer Mundo. Y cada año se termina explicando por qué hay que llamar a los del Fondo, firmarles lo que quieran, hacer lo que nos dé la gana, y volver a llamarlos. Una mentira compartida que todos estamos dispuestos a amparar, con tal de que se logren los préstamos.Y que los títulos de deuda repunten y que las acciones recuperen algo de esplendor.Y que cada uno abrace la esperanza de: «el próximo año», como para atravesar las fiestas con alegría. Una Bolsa, a veces, puede erigirse sobre ilusiones... Pero, un país, es más difícil.