Un mundo global donde lo permanente es el cambio, que suena a contradicción pero no lo es, parece destinado a entrar en alguna zona de mesetas y parar el vértigo: tanto como para desplegar, y gozar, de aquello que se observa como una avance en muchas direcciones. Hoy, tal cualquier resumen de novedades que se buscan en el aspecto económico, un lector que revise sólo periódicamente los medios de información se puede llevar el gran chasco de seguir en una dirección de pensamiento, cuando ya se está de vuelta de ello. Porque si se nos obligara a definir un perfil muy sintético del hombre del tercer milenio y que es el modelo que ya se pone a rodar, quizás eligiendo algunas palabras se lo dibujaría: vértigo, insatisfacción, voracidad, incoherencia. Ejemplo: recién estrenado el término «nueva economía», y mientras por aquí lo seguimos repitiendo y proyectando algún panel para recibir esas firmas, está quedando de lado a esta altura. Con el título de «La crisis cambia las fusiones», el diario «El País» de España recoge un análisis de donde se apunta que «las operaciones en la nueva economía, dejan paso a las empresas tradicionales». El as de triunfo cambió de lado en la mesa, las adquisiciones y fusiones vuelven sobre las empresas de la llamada «vieja economía» y una preferencia por lo tangible y asentado. La gran burbuja parece haber llamado a la realidad, volviendo rápidamente a lo que hasta hace poco se desechaba. Esto entronca con el ocaso de los puntocom, en lo que se refiere a ser estrellas de los mercados, prefiriéndose ahora la inversión en firmas que produzcan programas, chips o cualquier elemento que sea material, visible a los ojos, activos en estado puro, y lo demás. Pero, por otra parte, un informe preocupante de la ONU advierte que «el mundo está en manos de cien compañías». Cien empresas se están convirtiendo, literalmente, en dueñas del mundo. Y el proceso no ha terminado, como alguna vez los discurrimos desde esta columna, donde el proceso de unir y simplificar puede hacer que en unos años -quién le dice-todo el mundo -léase todo el mundo-resulte gobernado por una docena de corporaciones. Y ya hoy con estas cien, se advierte que los gobiernos no aciertan a ensayar defensas y ponerles límites a estos monstruos trasnacionales que imponen sus designios desde el tremendo poder de mercado que poseen. Un botón puede bastar para muestra: la mítica General Electric posee ya dos billones de dólares, sólo en activos en el extranjero. Emplea a más de seis millones de personas fuera de su zona de origen y vende en el exterior unos dos billones de dólares al año.Y, de última, «se ha formado un mercado mun-dial de empresas...». Esto es que por sobre el comercio habitual, está sobresaliendo el comprar y vender empresas. Es tan increíble todo que un George Orwell se caería de espaldas al echar una ojeada...
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