8 de febrero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

«...Soy Rosana Negrini de Crovara, presidenta de Agrometal SA», comienza diciendo un atento fax que recibimos, en respuesta a la columna donde hicimos referencia a esta sociedad en particular y -en ella-a todas aquellas todavía bien nacionales, y de familia, que suelen ser livianamente criticadas en nuestro medio. Continúa la misiva con: «Le escribo desde Monte Maíz, el interior del interior del país...». Y a renglón seguido, desliza suavemente: «Me emociona saber que gente de Buenos Aires, tan distante y tan diferente de nuestra realidad, conozca y valore este tipo de empresas: de las que no quedamos muchas, pero que somos similares al ir pasando de generación en generación...». Observemos, en la construcción de la frase, ese enorme abismo que siempre está presente: menciona a Buenos Aires como un sitio «tan diferente y tan distante de nuestra realidad», como si estuviera escribiendo desde Australia y no desde el interior de Córdoba. Y es ésa la sensación que deben poseer quienes todavía tratan de empujar con su empresa -como Agrometal-desde distintos puntos del interior. El «monstruo» que todo lo devora, el que hace los grandes desaguisados y después lo paga toda la Nación, este centro donde se comprimen las finanzas, el poder político y el poder real ha ampliado esa división con el resto del país.

Buenos Aires, a quien se le subió a la cabeza cuando le dijeron «la Reina del Plata», y trata de mirar solamente hacia afuera, buscando embellecerse con su Puerto Madero, dejando la nuca para que la miren desde el resto de nuestra Nación. Continúa diciendo la señora Negrini: «Mi padre trabajó los últimos diez años de su vida en una silla de ruedas, tomando decisiones hasta el último día, se resistió a ofertas y facilismos, fue nuestro verdadero ejemplo...».


Ella tomó esa posta que le dejó su padre y dice: «Sé que es una responsabilidad, pero estoy muy orgullosa de poder continuar con esta empresa 'fierrera' que poco tiene para mujeres, pero mucho significa en mi corazón y el de mi querido pueblo que, como bien se suele decir en estos casos: se resfría Agrometal, el pueblo estornuda...». Le agradecemos el envío, si bien tanto la señora de Crovara como nosotros sabemos que esto no cambiará nada la dura realidad. Pero, la satisfacción ha sido nuestra, al poder rendirles un simple homenaje recordatorio a todas aquellas sociedades que fueron puntuales de la industria nacional, cuando se reemplazaron importaciones y se pudo demostrar que no éramos hábiles nada más que para vacas o trigo. Si bien el ciclo parece haberse revertido, llevándonos en un viaje al pasado por quienes quieren que sólo «hagamos» vacas y trigo...

Te puede interesar