9 de febrero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

«Sigue devaluando Brasil y complica a la Argentina», sobresalía como principal titular de Ambito Financiero en la mañana del martes. Nosotros rígidos, petrificados en el tipo de cambio. Ellos, flexibles, en consonancia con lo que se utiliza en la gran mayoría de los países del mundo, grandes, chicos, buenos, regulares o malos. Por aquí insistimos en que tenemos un sistema bárbaro, y hasta Machinea se preocupa para que el viejo zorro Greenspan le elogie un sistema, al que quiere asumir como propio. En estos casos, repetidos, siempre nos retorna desde el fondo de la historia no un economista, ni un gurú, ni un funcionario, sino un poeta. A través de Almafuerte, se puede encontrar la definición acerca de qué sistema es mejor y a partir de aquello que pretende cada uno que lo aplica. No lo hizo en forma de verso, sino en prosa y en sus «Evangélicas negras». Allí comienza preguntándose algo que corresponde a la naturaleza, pero que podríamos corporizar en estos dos países que nombramos: ¿por qué el agua (Brasil) que es blanda, vence a la piedra (Argentina) que es dura? Y en la primera reflexión, se decía Almafuerte que si la piedra retrocediera oportunamente, dejaría sin chances al agua. Pero, la conclusión fatal era que si la piedra algo quiere, quiere que se proclame su firmeza. ¡Y si el agua algo quiere, quiere vencer!

Todo parece decirnos, año tras año, que nosotros seguimos deseando que se proclame la firmeza de la convertibilidad, aunque para ello se deban resignar signos vitales que -en conjunto- abaten el crecimiento. Y nos ensalzamos hablando de inflación cero, también de deflación, en esa paz de campo santo que horada a la piedra con la misma paciencia que lo hace el agua, gota a gota. A cambio, Brasil con todos sus desbarajustes, Brasil con sus lineamientos nacionalistas que privilegian sus propios intereses antes que los de un tratado. Brasil con sus estruendosas devaluaciones. Y Brasil con sus incentivos de todo tipo, además de subsidios, si algo quiere: quiere que se lo proclame el líder indiscutido del Mercosur y de la región.


Nunca un sistema estático podrá vencer a lo flexible dinámico, que adopta la forma de acuerdo con las circunstancias. Y ahora volvemos a ver problemas, donde nos invadirán de productos y se nos hará más difícil penetrarles, por más que el dólar nos arrastre -de casualidad- a ganar algo de competitividad. Porque lo nuestro no depende de nosotros, es aleatorio, y lo de ellos es tocar la variable en cuanto lo creen aconsejable. Y si no podemos salir del sistema, por miedo a que vuelva la inflación -tras once años- más vale bajemos la cortina. Ojo: esto tiene mucho que ver también con las valuaciones bursátiles.

Te puede interesar