22 de marzo 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Lo mejor que podrían hacer en la Bolsa es pedir un listado de funcionarios para recibir y aplaudir, dado el grado de volatilidad que presentan últimamente. En tanto, los tropezones presidenciales parecen no tener fin, habiendo paseado por Chile a un flamante ministro de Economía que, por la noche, ya no estaba. Cavallo, de nuevo en el cargo de diez años atrás, posiblemente marque un récord: haber sido llevado allí por las fuerzas opuestas. Otro récord podría marcarse en cuanto a la más breve duración de un programa económico. Y quizá se pueda marcar otro, que el Poder Ejecutivo fuera el único en el país que no hubiera advertido que ese plan era inviable.

Todo esto es una fantasía. No pudo haber pasado. Y con nuestros cupones, siempre teniendo que ser escritos con anticipación, nos quedamos como a años de la realidad posterior. Por las dudas de que no vaya a la Bolsa y lo aplaudan, así también muchos se ahorran el discursillo habitual de respaldo. Recién acomodados nuevamente en las butacas para ver la película de López Murphy, hay que volver a sacar entradas y ver la segunda versión de un film propuesto por Cavallo. Es curioso, no se ha oído por estos días a aquellos que aseguraban que la no reactivación pasaba por «el malhumor de los argentinos». Tampoco aparecerán para felicitar a la gente que ha sido tan cauta en conservar sus ahorros, quien podía, y restarlos al consumo los que notaban que ya no se podía creer en palabras y teorías.

Todo esto ya pasa velozmente a la historia, se lo encierra bajo siete llaves con presteza y se dice -como se dijo-que «de ningún modo esto significa apartarnos del rumbo...».

Estamos esperando la apertura del mercado del día martes. Cavallo acaba de decir que precisa que el Congreso se ponga de acuerdo en sancionarle ciertas leyes clave. ¿Y si esto no se produce? Ahora se deberá ver qué leyes son las propuestas, si esto tendrá el peaje -como él recordaba sobre 1991-, o si habrá que asistir a otro renunciamiento. Por lo tanto, el mercado actuará en su primera rueda apostando a un supuesto: a todo o nada. Y el riesgo-país, con sus bonos, enviará sus cáusticas señales partiendo desde más 1.000 del rey muerto, viendo qué hace con el rey puesto. La inhabilidad manifiesta, políticamente, en el manejo de las situaciones afortunadamente no cotiza. Este grotesco que se expuso ante todo el mundo no tiene precio, aunque se lo quisiera cotizar. Ahora habrá que seguir adelante, viviendo paso a paso este inicio de milenio argentino que supera con creces lo vivido a inicios del siglo pasado, con los derivados de la crisis del '90. (Curiosidad: Menem también precisó dos ministros previos, hasta que vino Cavallo y se quedó. ¿Repetirá?)

Financiero,
Buenos Aires, jueves 22 de marzo de 2001

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