3 de abril 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Feriado. Primera rueda de abril que nos deja fuera del circuito mundial, lo que quizá venga bien para palpitar qué es lo que hacen los otros: y entrar hoy jugando con el resultado puesto. Claro, esto sería sumamente efectivo si existiera una correspondencia inapelable entre mercados, una globalización de subas y de bajas que proporcionara una buena ventaja entrar a escena un día después. Pero, una de las razones que indica que esto no es así, es que -si lo fuera-ya los vecinos de Brasil hubieran llenado su calendario de feriados, antes que los argentinos, como para darnos una paliza también en esto. Humorada, obvia, pero menos que eso, es apenas un desvío de la realidad hacia el plano de lo bursátil, en lo demás, funcionan así...

Y es que la globalización perfecta, que no existe en las Bolsas, es un espejo también de todo lo que sucede con esa palabreja que a unos les viene bárbaro y a otros les globaliza las malas. Siempre se busca correspondencia, en lo que se ha hecho una moda de nuestro medio, entre el mercado del NASDAQ y nuestros Mervales. No ya con el Dow Jones o, lo que resulta mucho más modesto y lógico, con emergentes más o menos «pares» (aunque no somos ya «pares» de nadie, con la escasa representación en negocios que poseemos). Pero no, nuestro orgullo intacto nos eleva a tratar de emparentar el Merval con ese mundo de estruendo y colores que es el NASDAQ. Un cotejo que solamente podría tener relación, por los flancos más desagradables de ese indicador del Norte: por su inestabilidad perpetua, por su volatilidad grosera e ingobernable, por sus particulares evaluaciones y fantasías cotizantes.

La verdad cruda es que «somos incomprables». Porque nuestro devaluado volumen ya casi no se forma en el mercado local, demostración palpable en los feriados de Wall Street y donde aquí se juntan apenas unas órdenes, pasando la gorra. Por estar el panel mayor copado no solamente de especies con sede en el exterior, sino por otras que tienen domicilio nacional, pero cuya cotización se forja en virtud de lo que hagan como ADR en Nueva York. Si uno pasa por el tamiz, de malla fina, al mercado argentino: casi nada nos ha quedado.


El «viejo recinto», como monumento histórico y permanente recuerdo de tiempos mejores, el «nuevo recinto» con su tecnología a la altura de los mejores, pero vacío de negocios propios. Operadores buscando excusas, cotejos con quienes nada tienen que ver con nuestro presente, y un deambular de la tendencia que se amplía, o se encoge, como el aquel «viejo 'fueye' despintado» del lánguido tango.Y también, como en otros versos tangueros, los que han quedado tomando a lo bursátil como inversión, lo hacen sin buscar motivos: «de puro curda, nomás...»

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