Mientras parece existir un regocijo generalizado, en torno a lo que se recauda con el impuesto al cheque, y la autoridad económica busca extender la zona de exclusión, alcanzando a las cuentas de ahorro, en el ambiente bursátil se estaban esperando respuestas, sobre el pedido de excepción para un circuito que se ve sumamente trabado por el gravamen encadenado.
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Volviendo a las cuentas de ahorro, expresamente y por ley están libres de aplicarles gravámenes. Pero, hete aquí que la codicia recaudadora estatal no tiene reparos en utilizar otro artilugio. Se dice que están exentas como mecanismo de ahorros, pero no como instrumento para pagos. De ahí que a un cheque que entre en la cuenta, se lo devorará también el impuesto. En una palabra, como no se lo habilita expresamente, se lo considera no exceptuado. En fin, lo que debiera ser una medida desagradable, injusta, opresiva sobre una población que tiene que ver cómo le aplican más impuestos, mientras siempre se permiten aumentos de tarifas de servicios (creando el doble efecto, sobre sueldos, de mayores erogaciones de modo multifacético), pasa por ser una especie de genialidad económica.
Volviendo a la Bolsa, si no hay una respuesta favorable, hay que temer por la prosecución del mercado y su continua depresión de negocios. Cada vez más se precisará muy poco para la tónica deseada, apretando los botones clave, para darle inducción al Merval. Quizá se entienda el problema, pero el riesgo es que se suele tomar a lo bursátil como uno de los temas emblemáticos de clase privilegiada: y esto puede condicionar a los políticos. Para colmo, la Bolsa ha sido muy maltratada en todo el período de renuncia de López Murphy, solamente por haber facilitado el recinto para aquella famosa «reunión de empresarios», donde se aplaudieron las medidas. Un error político del sistema, al que se tiene que tener presente y no arriesgar a una imagen que ya viene maltratada por toda la legendaria contra que se le ha hecho en nuestro medio, por cuestiones que, sin tenerla como eje, la dejan en el centro de la tormenta.Véase qué fenómeno de mutación se produjo: y lo que verdaderamente era una reunión de empresarios en la Bolsa, pasó a ser «los de la Bolsa»: vituperados en todos los medios, desde legisladores hasta sindicalistas. Un gran marketing adverso, cuando esa reunión se podía haber armado en cualquier otro ámbito (como bancario, o empresarial), pero donde la actitud inocente de una entidad permitió la picardía de otras que, velozmente, se borraron de la escena y de los aplausos en cuanto el ministro vitoreado pasó a ser mala palabra (y ya están vitoreando al otro, aunque trajo medidas totalmente opuestas). No es una anécdota, ni detalle menor, son aspectos que de no cuidarse mellan todavía más el raído paño...
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