Cupones Bursátiles
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Hay que replantear la teoría del endeudamiento, de conocer los riesgos, y de estimar de antemano la hipótesis de mínima -la peor- y no la de máxima, la estúpidamente optimista. El futuro pasa a ser presente muy rápido cuando uno está en el filo de la navaja. Y este «megacanje» que ahora descomprime a tan altísimo costo, cuando queramos darnos cuenta lo tendremos encima con los acreedores por ventanilla, un nuevo y desgraciado gobierno que deberá afrontar la avalancha y otra vez tratando de repetir la historia.
Aceptar lo malo, inevitable. Lamentarnos por ello. Pero, nunca hacerlo pasar por una virtud, una ventaja, una solución que no es tal.
Parece una tontería, la historia demuestra que no lo es, y el absurdo facilismo con que se ha recurrido al endeudamiento, viviendo de prestado, solamente es posible si el conjunto de la sociedad lo acepta con esa idea equivocada. Todo se acepta, nada se discute, el problema siempre queda en si se consigue refinanciar o no. Y se consigue, porque los acreedores se salvan al cambiar papel por papel, pero no tener que dar de baja al crédito malo que es nuestro país en sus carteras. Saben que no cobrarán, pero les debemos. Y eso, de uno u otro modo, precipita después al alto condicionamiento que tienen nuestros gobiernos. Soñamos por un título que diga «Malo: el país pidió dinero».



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