8 de agosto 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Los siete millones apenas largos, en ese viernes donde se realizaron más de treinta y ocho millones en certificados, volvieron a destacar los durísimos momentos que toca vivir a un mercado bursátil argentino que ve su existencia seriamente condicionada. Y es a ese nivel de profundidad donde se ha llegado con la crisis del sistema, puesto en la orfandad lógica proveniente del exterior -ante la situación que viven los bonos-y esa carencia de capital posible en el mercado interno. Hartos de las frases hechas, de todas aquellas que se fueron derrumbando con los azotes de la realidad, y de la idea de que todo se soluciona por vía de tener buenas ondas, nos alarma sobremanera que la plaza local se esté resumiendo cada vez más y que la deserción del negocio se haya manifestado a través de varios nombres pesados del ambiente. En ningún otro punto de los mercados de la región se debe hallar un punto límite como el de nuestro medio, condenado a regirse con la extrema iliquidez de órdenes para sus especies. Esto compromete también la planificación de cartera, somete de modo inapelable a la idea de tener que poseer solamente una cierta cantidad de papeles donde la salida y los movimientos estén asegurados: desechando otras opciones con buenas condiciones, pero peligrosos por el modo de cerrarse los negocios y dejando expuesto al poseedor a un martirio para poder vender, si es que se aparecen zonas conflictivas como las de este año. Los montos menores destruyen todo y en todas direcciones, no solamente perjudican a las instituciones y a los agentes bursátiles -haciendo no rentable el negocio-, sino también a las inversores condenados al embudo, a las propias acciones que no estén en el listado de la media docena principal, y de última a las empresas emisoras: que terminan por hartarse de abonar gastos para cotizar, cumplir con los requisitos, y sin que esto les reporte beneficios concretos y básicos, que se desprenden de la oferta pública.

Es todo un problema el que se vive, con un contexto extremadamente seco de fondos y con las vías hacia el exterior totalmente obturadas por la situación del país. En tal caso, se deberá tener presente que al armar una cartera de exquisitas cotizantes, la alternativa es armar la nómina seleccionando por condiciones totales de cada especie, apuntando a un mediano plazo. O moverse solamente con escasos nombres si se quiere tener el gobierno de la salida repentina y a voluntad. Entre ambas, se instala la posibilidad de un golpe de mercado y el vuelco de tendencia y de montos, si es que algo pesado y favorable sucediera en el país. Ni el cómo, ni el cuándo están a la vista para deducirlo y es el gran dilema.

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