16 de agosto 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

«Oh, Bolsa... contradicción pura. Placer de ser el sueño de nadie, bajo tantos párpados.» Como tantas otras, no es esta bella construcción poética dicha para la Bolsa, el genial Rainer María Rilke la escribió para describir la rosa y nosotros hicimos la travesura de cambiar el objeto de los versos. ¿Vio qué bien que queda, cómo se ajusta a la realidad bursátil? Cómo poder negar que todo el juego de la Bolsa resulte contradicción pura, en la que todos los intervinientes se anotan a sabiendas de ello: apareciendo ora como comprador, ora como vendedor, muchas veces dentro de un mismo día. Y variando de opinión de modo absoluto, ante el arribo de una noticia cualquiera que promueve la variante del razonamiento, como del estado de ánimo. Y la expresión «bajo tantos párpados» -alusión metafórica que suena perfecta, asimilando los pétalos de la rosa con verdaderos párpados que se superponen-vale también para la Bolsa, inversión de mil facetas, a la que todos hemos creído atrapar alguna vez en sus secretos y advirtiendo luego que nos mira a todos al mismo tiempo, que nos da señales masivamente y haciéndonos creer que es a nosotros solos. «Contradicción bursátil, después de todo, quizás hasta la gran esencia, la principal virtud para que esta dama sea tan seductora (y a veces, fatal). Pero, lo grave es que la expresión parece caberle cada vez más a medida al país.

Y un país que se vuelve «contradicción pura», se hace inentendible para propios y extraños. Como cuando se advierte que hay que salir de la recesión, con coincidencia en el diagnóstico, pero se toman medidas que oprimen todavía más a la actividad. Que restan capital de trabajo en la sociedad, que inyectan moneda mala -llámese, bonos para pagar sueldos-a la par de la convertible.

Cuando se acelera el ritmo de suspensiones y despidos y esto queda relegado a noticia secundaria, aunque saca más gente del circuito de demanda y aporta a la irritación social, que sube de grado ante la parsimonia oficial. Cuando no se acierta a gobernar para la gente, ni para el acreedor, ni para los obreros, tampoco para los empresarios, porque todos se muestran igualmente quejosos e infelices. «Contradicción pura...»
La Argentina es contradicción pura, bajo tantos párpados (podemos agregar). Y cabe también incorporarle aquello de «placer de no ser sueño de nadie...» (vacía de esperanzas, rota la ilusión entre el hombre y su patria). He aquí lo funcional de ciertos escritos inmortales: creado para la imagen de una rosa. Adaptable a la semblanza de la inversión de Bolsa. Y encajando justo en una descripción de una Argentina actual, que solamente siembra desánimo. (Mientras todos aguardábamos resultados, de la última mendicidad de funcionarios en los Estados Unidos, el martes entraba de lleno y el día bursátil era impredecible...)

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