El viejo dilema de la frazada corta, parece ser el destino que habrá de perseguirnos por cierto tiempo más. Todos saben, aquí y afuera, o al menos todos intuyen, que si el gobierno cumple a rajatabla con las condiciones que se ha comprometido: puede tener graves problemas de estallidos sociales y de enorme tensión política. Si, por el contrario, tratando de eludir esos peligros decide taparse los pies y dejar descubierta la cabeza: pues, aparecerán serios disloques de quienes armen nuevas corridas contra los títulos argentinos, en advertencia por compromisos que no se cumplen.
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Si bien se dice que no hay nunca felicidad completa, tampoco parece existir la receta para salir de la encerrona en que nos hallamos, quedando bien con todos, cumpliendo a izquierda y derecha, haciendo deberes completos y recibiendo aprobaciones simultáneas. No, parece esto imposible y algo parecido al sueño de la suba bursátil perpetua. ¿Por dónde vendrá más duro el hachazo, parece resultar el interrogante a resolver en los próximos tiempos? ¿Qué se podrá asumir con mayor entereza, una hipótesis de conflicto interna o externa? ¿Cuál hará más daño, a la ya muy delicada situación presente? Menudo problema enfrentan quienes deciden, en apariencia condenados a tener que discernir entre lo malo y lo peor.
Entretener a la gente con un plebiscito insólito, también parece ser parte integrante de la estrategia que se quiere aplicar, frente al dilema anterior. La picardía (más parece producto de un publicista, que de un político) está en interrogar sobre hechos accesorios, menores, dejando fuera de discusión los grandes temas centrales. A tal punto que tal vez harían una dolarización, aniquilando la moneda nacional, sin ningún tipo de consulta popular: pero, interrogaron sobre «gastos de la política». Habrá que prepararse para desentra-ñar una larga serie de charadas, de bien preparados chascos, con los que se pretenderá atravesar la zona caliente que ya se ha iniciado. Churchill, afirmaba que él se negaba a «tener que elegir entre el carro de bomberos y el incendio» (era respecto de unos gremios en huelga) dando un maravilloso ejemplo literario, acerca de respuestas sin alternativas. Hay casos donde no es posible la alternativa, el poder seleccionar, hay que tomar un solo rumbo -inequívoco-y con toda la fuerza disponible. Y ese es otro grave problema, cuando se nota la duda permanente en el ámbito local del poder, lo que lleva a confundir a los actores sociales y, también, a los capitales y a las inversiones. Hay un incendio, va un carro de bomberos, y es como si en la Argentina se tomara partido por el vendedor de pochoclo, como para evadirse de la situación que reclama soluciones. Tenemos esto, es lo que hay y, de mínima, por un cierto tiempo...).
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