«Ustedes tienen que modificar los esquemas, para volver a crecer...» A lo que se respondió con «no, son ustedes los que tienen que rearmarse y poner todo el empeño para exportar y crecer». Y así, en ese patético cruce de discursos entre los industriales y el gobierno, donde el ya insólito Cavallo también dijo lo suyo: para acusar a «los que nos endeudaron...» (?) como si en vez de ser un activo protagonista desde los '80 (oportunidad en que estatizó deudas privadas) se tratara de un ministro flamante en la misión pública, virgen y nunca taxi.
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¿Qué les pasa a todos en este país?, tiene derecho a decir el ciudadano. Especialmente, a todos los que tienen algo de poder en sus manos. Los empresarios esperan que los gobernantes recreen el escenario de normalidad de demanda interna. Los gobernantes esperan que los empresarios procuren exportar a como sea y donde sea, con tal de incrementar cantidades y gene-rar un crecimiento de afuera hacia adentro (es lo que se desprende del discurso del Presidente). Unos por lo de adentro, otros por lo de afuera, ninguno que se pone en marcha y cada maestrito con su librito. Los rivales en sus respectivos rincones, mientras la política baja -la bastarda-aquella que, como en el caso de la moneda, ha desplazado la mala a la buena, nos da otra muestra de su intromisión en la sociedad nacional. A través de presentar un presupuesto para el año entrante, que solamente contemple cifras globales: lo pormenorizado, lo puntual para ver y discutir, recién se hará conocer ¡tras las elecciones de octubre!
Si esto no es una vergüenza, la vergüenza ya tiene pocos escondites para poder elegir. Y está en todas partes... • ¿Cómo no justificar que en esa rueda histórica, del lunes inicial de setiembre, nuestro mercado dijera que no hay más capital local que 300.000 tristes pesos? Merecían ser patacones, para completar la obra.Y ya que estamos, quizás a la Bolsa le convendría tomar esa seudomoneda de la provincia, tanto como para intentar facturar algo más de caja. Entre un gobierno y una industria que tira cada uno hacia su lado, quedando todo como estaba, ya con los consabidos laberintos y chanchadas previas a actos electorales, con el fin de año a la vista y la temporada baja -el verano-a la vuelta de la esquina: ¿hasta cuándo se puede extender la recesión-depresión actual? Más se extiende, más despidos, más suspensiones, menores ventas, crisis de demanda de una agudeza insostenible. Lo mismo que evidencia el recinto bursátil y su total falta de fondo sólido. Como otras veces lo dijimos, para otros pisos, acaso haya que ponderar la actuación actual y pensar que es muy favorable -aunque no lo parezca-debido al escenario que debe afrontar. Y aunque suene a absurdo sostener que las marcas mervales de ahora sean positivas.
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